No hay placer más grande que el de sentirte, el de experimentar
tu Presencia oculta, aunque real, en el hontanar del
corazón, y darte gracias de mil maneras.
Levantarme con una alabanza en los
labios, por tu cariño y tu cuidado constante, y por las noches cerrar los ojos confiado en tu ternura y cercanía.
Lo que obras en mi interior es mi gozo
permanente, cuando te dejo actuar libremente y no te pongo obstáculos.
Entonces la alegría que me invade consigue que te cante mil canciones, que te dedique una sinfonía con la música que anida en mi espíritu, y que mi cuerpo se transforme en cientos de instrumentos que resuenan y producen un concierto único, prodigioso.
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