Pedro comenzó a ser obispo en
1971. Pocos años atrás se firmó el Pacto de las Catacumbas, una idea retomada
por el Papa Francisco al inicio de su pontificado, cuando dijo que quería una
Iglesia pobre y para los pobres. Cuando se llega a San Felix y uno ve la casa
de Pedro, la gente se pregunta cómo es posible que un obispo viva en aquel
lugar, en esas condiciones de austeridad, de pobreza. ¿Podríamos decir, aunque
también hubo algunos otros, que Pedro es uno de los grandes ejemplos de lo que
significó el Pacto de las Catacumbas y de lo que significa esa Iglesia pobre y
para los pobres que Francisco quiere hacer realidad?
Te voy a dar la respuesta que me dio Monseñor José María Pires,
que ya falleció y que yo tuve la oportunidad de entrevistarle, me respondió
ante una pregunta parecida que le hice, que incluso él, habiendo firmado el
Pacto de las Catacumbas, consideraba que Pedro Casaldáliga, que no firmó el Pacto
de las Catacumbas, vivió más el Pacto de las Catacumbas que él, que las propias
personas que lo firmaron. Su vida prueba eso, hay mucha gente que llega allá
delante de la casa del obispo, mira y dice, no debe ser aquí donde él vive. Hay
casas mejores por allí cerca, entonces la gente va, llama buscando al obispo,
porque cree que vive en las otras casas mejores, y él no, él vive en la más
sencilla.
Siempre ha vivido así desde su llegada. Cuando llegó allí, tenía
una casa más grande, pero luego adquirió una casa pequeña como la que él vive
hoy. Hay cosas más radicales, por ejemplo la cuestión de la nevera en su casa.
Hasta la década de los noventa, Pedro no tenía nevera en casa, él no quería
nevera porque si los pobres no tenían, no puedo tener. Entonces Maximino
Cerezo, el pintor de la liberación, un día convenció a Pedro a tener nevera en
la casa. No había agua helada en su casa, y ahí lo acabaron convenciendo,
compraron la nevera, en 92 o 93, no me acuerdo ahora el año correcto, y está
allí hasta hoy, pero fue relegada en un rincón, que él no quería saber de ella,
creía que no era necesario.
Hoy en día, mal de salud, como él está, pero no acepta, de
ninguna manera, que se coloque aire acondicionado. Él tiene el ventilador
delante de él, pues es un calor infernal en San Felix del Araguaia, que uno ni
se imagina, y él no acepta tener aire acondicionado. Son esas radicalidades,
esa terquedad, pues Pedro siempre ha sido muy terco en las cosas que él cree,
que hacen de él una mente diferenciada de todos los demás. Frei Betto, por
ejemplo, declaró para mí que Pedro Casaldáliga es el cristiano más coherente
que él conoce. Sin duda alguna, Pedro es un gran ejemplo de la aplicación
práctica del Pacto de las Catacumbas.
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