viernes, 13 de marzo de 2026

FRAYMARCOS,SUGIERE....Dgo 4° CUARESMA. C.A..- JESÚS ES LUZ....


Jn 9,1-41

El relato es simbólico, como el de la Samaritana del domingo pasado y la resurrección de Lázaro del próximo. Es un proceso catecumenal que lleva al hombre de las tinieblas a la luz; de la opresión a la libertad; de no ser nada a ser plenamente hombre.

Jesús acaba de decir: “Yo soy la luz del mundo”. Lo repite y lo va a demostrar dando la vista al ciego. Jesús no le consulta, pero no suprime su libertad; le da la oportunidad, pero la decisión queda en sus manos. Tendrá que ir a lavarse. Los demás personajes siguen en su ceguera: fariseos, apóstoles, paisanos, padres.

Al mezclar la tierra con su saliva está simbolizando la creación del hombre nuevo, compuesto por la tierra-carne y la saliva-Espíritu. De ahí la frase que sigue: le untó su barro en los ojos. El barro, modelado por el Espíritu, es el proyecto de Dios realizado ya en Jesús, y con posibilidad de realizarse en todos los seres humanos.

Aquí está la clave del relato. El ciego es ahora un “ungido”, como Jesús. El hombre carnal ha sido transformado por el Espíritu. La duda de la gente sobre la identidad del ciego refleja la novedad que produce el Espíritu. Siendo el mismo, es otro.

El hombre ciego era libre pero no lo había descubierto todavía. De ahí que el ciego utilice las mismas palabras que tantas veces, en Jn, utiliza Jesús para identificarse: "Soy yo". Esta fórmula refleja la identidad del hombre transformado por el Espíritu.

Lo que importa es que este hombre estaba limitado y carecía de toda libertad. Ahora está llena de sentido. Pierde todo miedo y comienza a ser él mismo, no solo en su interior sino ante los fariseos que le acosan.

No se había mencionado que era mendigo, incapacitado, dependiente de los demás. Jesús le hace hombre cabal. Tampoco se había mencionado que era sábado. Jesús no tiene en cuenta esa circunstancia a la hora de hacer bien al hombre.

Los fariseos no se alegran del bien del hombre. Solo les interesa la Ley y creen que a Dios tampoco le importa el hombre. Acuden a los padres para desvirtuar el hecho que no pueden negar. Los padres son gente sometida y no se atreven a hablar.

La pregunta es triple: ¿Es vuestro hijo? ¿Nació ciego? ¿Cómo recobró la vista? Responden a las dos primeras, pero a la tercera no se atreven a responder. El miedo les impide aceptar complicidad con el hecho. Podían ser expulsados de la institución.

Los fariseos quieren conseguir la lealtad del ciego aún en contra de la evidencia. Condenan a Jesús en nombre de la moral oficial y pretenden que le condene el ciego. Para ellos Dios no puede estar de parte del que no cumple la Ley. Dios no puede actuar contra el precepto ni siquiera en beneficio del hombre.

El ciego, sin miedo, opone los hechos a la teoría. Ha experimentado el amor gratuito y liberador. Él sabe ahora lo que es ser un hombre y sabe también lo que es Dios. Él ahora ve; los maestros de la Ley están ciegos. El hombre utiliza una teología admitida por todos. Dios no puede estar de parte de un pecador.

Por no negar su experiencia ni renunciar al bien que ha recibido, lo expulsan. Con su mentira han querido apagar la luz-vida. Al no conseguirlo, el hombre no puede permanecer dentro del ámbito de la muerte-tiniebla, que es la sinagoga.

Los fariseos lo expulsan, Jesús lo busca. Con su pregunta acaba la obra de iluminación. La acción de Jesús ha hecho descubrir al ciego una nueva manera de ser hombre, cuyo modelo es Jesús. Jesús le hace tomar conciencia de ello.

 


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