jueves, 9 de abril de 2026

De CarlitoSaracini. EL UMBRAL DE LA VULNERABILIDAD.- Ana María Díaz, Ñuñoa 03 de abril de 2026

 EL UMBRAL DE LA VULNERABILIDAD 

Una vez más, estamos en la coyuntura de comprobar que el efecto de la guerra, como la que se inició con el ataque de Israel y EEUU a Irán, no es solo el daño circunscrito a los involucrados inmediatos, sino un aumento sistémico del riesgo en todo el mundo: hay más incertidumbre, más polarización internacional, mayor probabilidad de conflictos indirectos y escaladas; hay incertidumbre financiera, un cruel aumento de precios que agrede particularmente la economía de los hogares, de los más pobres y de las pequeñas empresas; y por supuesto, hay víctimas, desplazamientos y destrucción.

  La guerra siempre nos hace sentir extremadamente vulnerables en diversos modos, y siempre nos asombra la estrategia de quienes confían en las armas y en la destrucción de otros para conseguir una engañosa seguridad, demostrando una absoluta falta de sensatez humana. A todos nos angustia la vulnerabilidad de nuestra existencia, porque nos confronta con una verdad incómoda: no somos dueños de nuestro origen ni de nuestro destino; nacemos sin consentimiento, en circunstancias que no elegimos, y habitamos un cuerpo que envejece, se enferma y eventualmente muere. 

Esta fragilidad constitutiva no es un defecto evitable, sino la textura misma de nuestra condición humana. Hoy que hacemos memoria de la pasión y muerte de Jesús es la oportunidad de mirar la vulnerabilidad con otros ojos, y descubrir que el mensaje de salvación, de vida en abundancia, nos llegó a través de alguien que hizo de la vulnerabilidad la espiritualidad de toda su vida. 

  Nació en condiciones precarias, creció en un pueblo pequeño y pobre, muy alejado de los centros de poder, provino de una familia humilde y, cuando se hizo adulto, se convirtió en un maestro de la muchedumbre, un maestro que predicó el amor y la misericordia en lugar de la Ley, y eligió como interlocutores a los más vulnerables. En aquel tiempo, la enseñanza se transmitía mayoritariamente en círculos masculinos y letrados. 

 Jesús rompe esa limitación y enseña en la montaña, a la orilla del lago, en las plazas, donde todos y todas pueden escucharlo. Sus parábolas funcionan como instrumentos pedagógicos de democratización religiosa. En lugar de culta exégesis técnicas, emplea relatos del mundo rural: sembradores, pescadores, amas de casa, trabajadores. Con ello, el mensaje sobre el reino se hace cognitivamente accesible, emocionalmente resonante y espiritualmente significativo para la gente común.

  Sus opciones teológicas revelan un Dios vulnerable a la gente sencilla y excluida de las prácticas religiosas. Estas opciones chocaron tempranamente con el poder del templo, con el poder político y con quienes se hacían fuertes aferrándose a la Ley. Cuando la tensión llegó al punto máximo, y los acontecimientos se desencadenaron sin vuelta, Jesús despliega los mayores gesto de vulnerabilidad, confiando hasta el final en el Dios de los débiles, los pequeños y los frágiles. De este modo, “en el terrible ciclo de su pasión no hay rastro de inmolación sacrificial sino de donación incondicional de sí mismo. Jesús se convierte en el acontecimiento, la puerta, que hace posible a la vida ir más allá de la angustia de la muerte y de la Ley, y devenir en una transformación afirmativa de la vida” (M. Recalcati). 

 Desde la cruz, Jesús, nos invita a comprender la vulnerabilidad como umbral, no como un abismo; acoger la paradoja de que, al aceptar nuestra vulnerabilidad radical, dejamos de huir de ella y descubrimos una forma inesperada de fortaleza, la que nace de la honestidad radical sobre lo que somos, porque ser vulnerable existencialmente es reconocer que compartimos con todos los vivientes la misma fragilidad, y esa conciencia puede devenir compasión en lugar de miedo. 

 Jesús invita a toda la humanidad a descubrir que el asunto no es cómo eliminar nuestra vulnerabilidad, sino cómo pararnos en ella con dignidad, apertura y, por qué no, con ternura hacia nosotros mismos y hacia los demás, que también están sostenidos por hilos más frágiles de lo que quisiéramos admitir.

  ¡Bendito seas, Jesús, maestro de la vida en abundancia, porque tu vida, tu mensaje, tu pasión y tu pascua, nos anuncian que la vulnerabilidad es el camino a descubrirnos ante un umbral de posibilidades nuevas! ¡Amén! 

                              Ana María Díaz, Ñuñoa 03 de abril de 2026

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Multimedia


PARTE 1

PARTE 2

Bielli - Bernada