Una mariposa bate sus alas en Brasil y desata un tornado en Texas. La frase, formulada por un meteorólogo estadounidense –Edward Lorenz– distaba bastante de pretender describir un mundo en el que todo estaba conectado con todo y en el que la más mínima acción de cualquiera podría tener consecuencias fantásticas en otra parte; más bien apuntaba a que, en un sistema complejo y caótico, como es el caso del clima, la información ligeramente diferente que se introduzca en el estado inicial arrojará resultados totalmente diferentes a medida que el tiempo transcurre. El desde entonces popular “efecto mariposa” no habla tanto de que todos estamos conectados de una forma mística, sino de que cuanto más detallada, concisa y completa sea la información que poseemos sobre un instante de un sistema complejo caótico tan nimia como el aleteo de un insecto a miles de kilómetros, más contundentes serán las predicciones que podemos hacer.