La Divinidad nos sigue llamando cada día,
nos sigue invitando desde la zarza ardiente
de su pasión por los desheredados:
“Yo estoy entre quienes están oprimidos,
en los que viven en un sufrimiento permanente.
Sus rostros de dolor, sus súplicas son las mías,
y espero que las escuches,
para que acudes a liberarlos y conducirlos
hacia una nueva tierra que mane
libertad, justicia, consuelo y felicidad. Proteged a los desvalidos,
cuidad a los enfermos,
sostened a los más débiles,
rehabilitad a los marginados.
Cuando despleguéis en toda
vuestra potencialidad
la humanidad y el amor que lleváis dentro,
seréis como dioses, mis hijos e hijas verdaderas. Miguel Ángel
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