jueves, 4 de enero de 2024

Aporte de Hugo.- Yo lo unico que se es que.... (autor anónimo)

 Que si nació hoy, que si nació ayer, Que si nació aquí, que si nació allá. Que si murió a los 33, que si murió a los 36. Que cuántos clavos, que cuántos panes y pescados. Que si eran reyes, que si eran magos. Que si tenia hermanos, que si no tenia. Que dónde está, que cuando vuelve.

Yo lo unico que se es que....

A mi me tomó de la mano cuando más lo necesitaba. Me enseñó a sonreír y agradecer por las pequeñas cosas. 

Me enseñó a llorar con fuerzas y soltar. 

Me enseñó a despertarme saludando al sol y a acostarme con la cabeza tranquila. A caminar muy lento y muy descalzo. 

Me enseñó a abrazar a todos y a abrazarme a mi. 

Me enseñó mucho. Me enseñó a quererme con ganas. A querer al que tengo al lado y, de cuando en cuando, a estirarle la mano. Me enseñó que siempre me está hablando en lo cotidiano, en lo sencillo, a manera de mensajes y que para escucharlo, tengo que tener abierto el corazón. 

Me enseñó que un gracias o un perdón lo pueden cambiar todo. 

Me enseñó que la fuerza más grande es el amor y que lo contrario al amor es el miedo. 

Me enseñó cuanto me ama a través de lo que yo amo a mis hijos. 

Me enseñó que los milagros si existen.

Me enseñó que si yo no perdono, soy yo el que se queda prisionero, y para perdonar primero tengo que perdonarme. 

Me enseñó que no siempre se recibe bien por bien pero que actúe bien a pesar de todo. Me enseñó a confiar en mi y a levantar la voz frente a la injusticia. 

Me enseñó a buscarlo adentro y no afuera. 

Me dejó que me aleje, sin enojarse. Que salga a conocer la vida. A equivocarme y aprender. Y me siguió cuidando y esperando. 

Me enseñó que solo vengo por un tiempo, y solo ocupo un lugar pequeño. Y me pidió que sea feliz y viva en paz, que me esfuerce cada día en ser mejor y en compartir Su luz conociendo mi sombra, que disfrute, que ría, que valore, y que Él SIEMPRE va a estar conmigo....que aunque dude y tenga miedo, confíe, ya que esa es la fe, confiar en Él a pesar de mi....

Gracias Jesús por tu infinito amor, por estar en mi vida y no irte nunca.

miércoles, 3 de enero de 2024

Solicitamos colaboraciones para el BLOG.- Alicia DeSa Torres nos envía un interesantísimo tema.- EL ARTE DE SOLTAR. ( I )

 Dada su extensión lo publicaremos en dos secciones  (parte I)

El ARTE DE SOLTAR

La vida enseña a viajar livianos. Por eso los hombres que acumulan sin límites son una aberración

POR MARCELO FIGUERAS DIC 31, 2023 

 La vida es, del principio al fin, un ejercicio en materia de desprendimiento. Tanto el funcionamiento elemental como las satisfacciones profundas dependen de que aprendamos a deshacernos de cosas con elegancia. Por eso vivimos así, soltando lastre: porque, de otro modo, nos hundiríamos.

De lo esencial que necesitamos para subsistir —todo lo que nos metemos dentro, lo que técnicamente incorporamos, hacemos nuestro: oxígeno, agua, alimento—, no conservamos nada. Inspiramos, pero expiramos. Bebemos y comemos, pero no retenemos. Lo que nos resulta vital lo transformamos en energía que quemamos al toque, el resto lo excretamos. Imaginen lo que ocurriría si sólo nos llenásemos de aire sin exhalarlo. O lo que pasaría si nos negásemos a mear. Se nos permite tomar de la naturaleza lo que necesitamos para vivir, pero como parte de un contrato que prevé la devolución de esos insumos, químicamente transformados. (Nuestro entero cuerpo está sujeto a términos transaccionales: los átomos, el agua, los minerales que cedió la naturaleza para la creación de cada organismo individual —podríamos decir: lo que invirtió en nosotros—, vuelve a ella cuando vence el contrato.)

Algo similar ocurre con las cosas de las que nos rodeamos. Muchas envejecen sin remedio, pierden utilidad. (Pienso en las ropas, los autos, los utensilios, los electrodomésticos.) Pero otras se desvalorizan porque dejan de significar lo que significaban cuando las obtuvimos. ¿De cuántos de los trastos que abarrotan nuestras viviendas podríamos liberarnos, sin sufrir ni experimentar perjuicio? (Un dato a tener en cuenta más adelante: las únicas cosas que cuesta tirar a la basura son aquellas a las que cargamos de afecto, las que adquirieron un valor que excede el material.)

 San Francisco de Asís, cuyo nombre devino adjetivo que define un estilo de pobreza.

 El tiempo se atiene a la misma dinámica. Es una línea recta, una flecha sobre la cual avanzamos para alcanzar ciertos hitos que, casi de inmediato, dejamos atrás. Soñamos con alcanzar cierta edad, para perderla al poco rato. Proyectamos la vida a partir de objetivos que, una vez alcanzados, se convierten en parte del pasado, y tienden a ser reemplazados por otros. Perseguimos logros no para quedarnos a vivir en ellos, sino para trascenderlos. Porque no se detiene nunca, el reloj.

Hasta que se detiene definitivamente. Y hay que desprenderse del último lastre, que es nuestro cuerpo.

No puede ser casual que no haya nada material que podamos retener o conservar más allá de los límites de la existencia. Morir es el desprendimiento final. En ese momento lo perdemos todo, desde lo superfluo —el dinero, las posesiones— hasta lo esencial: la identidad, la existencia y los componentes orgánicos que formaron parte del cuerpo y que, en el tramo post mortem, se desintegran hasta volverse imperceptibles, nuevamente parte de la trama atómica.

El hecho de que ese desprendimiento sea común a la humanidad —el blanco al que apuntan nuestras vidas—, no debería estar ausente de ninguna búsqueda de sentido. Porque allí nos dirigimos todos, sin excepciones: al renunciamiento definitivo a lo que somos, al cero de la cuenta regresiva que comenzó cuando nacimos. Que cada segundo de nuestra vida sea parte de la trayectoria que conecta con ese destino no es una cuestión irrelevante. Al contrario: debería ser ordenadora, ya que —nos guste o no, seamos conscientes de ello o no— la vida orgánica está estructurada para servir a ese fin. Hagamos lo que hagamos, y más allá de la forma que elijamos para relatarla e intentar comprenderla, la experiencia es el derrotero que elegimos como camino hacia la muerte.

 Dejemos de lado la cuestión de la potencial vida ulterior, que algunos hasta presumen eterna. No tenemos evidencia que sustancie esa idea. Pero, además, no la necesitamos. Todo lo que precisamos para dar sentido a nuestra vida está allí, en ese trámite final. ¿Y en qué consiste el último acto burocrático de nuestra existencia? En devolver en ventanilla aquello que se nos prestó cuando asomamos en este escenario, ni más ni menos. La diferencia crucial es que, cuando recibimos el cuerpo o nave que usamos durante la travesía —cuándo éramos bebés, quiero decir—, carecíamos de lucidez. Pero durante el viaje empezamos a entender que somos seres con fecha de vencimiento. Y entonces, todo se acomoda. Como no hay forma de escaparle a la muerte, que está más allá de nuestra voluntad, la cosa se reduce al acto voluntario de decidir cómo queremos estar al arribar a su puerto. Qué deseamos haber sentido, obtenido, vivido hasta entonces, para aspirar, cuando llegue ese momento, a experimentarlo como una consumación y no como una frustración o un proceso interruptus.

Por supuesto, cada uno tiene derecho de vivir como quiera, a su mejor saber y entender. Pero vivir en negación de la muerte —como si no fuese a sobrevenir nunca, como si no existiera— es garantía de unhappyendings. Lo paradójico es que muchos de los que viven como si fuesen eternos no sólo niegan la muerte. También niegan lo que la vida sugiere, por no decir que enseña francamente, en ese mismo sentido.

La totalidad de los seres vivos adhiere a este régimen binario, hecho de ceros y unos. Agarramos para soltar. Vivimos para morir. Sólo nosotros, los humanos, nos despegamos de esa línea de conducta para tomar del mundo material (¡y conservar tozudamente, aferrándonos a ellas!) cosas que en verdad no necesitamos. Porque una cosa es echarse encima vestimentas para no morir de frío, o construir una cabaña para protegerse de los elementos y de las fieras, o almacenar alimentos para sobrellevar un invierno inclemente, como también hacen algunas bestias. Pero, ¿necesitamos oro para vivir? ¿Diamantes? ¿Papel moneda? ¿Bitcoins? ¿Placares llenos de ropa? ¿Celulares? ¿Más de una vivienda o un vehículo?

 Todo eso es banal, una complicación innecesaria. Nuestros requerimientos vitales son básicos: oxígeno, agua, alimentos naturales, un techo o lugar de cobijo y medios para procurarnos o sostener todo lo anterior. Hemos sobrevivido de ese modo desde tiempos inmemoriales, durmiendo en chozas, sembrando, pescando y cazando. Y en el marco de esa vida simple, la noción de la vida como ejercicio en materia de desprendimiento estaba presente siempre, a cada paso. Podías perder la cosecha y tu casa en cualquier momento, si el clima se ponía fulo. Podías perder a tus afectos en cualquier momento, entre las garras de una fiera o víctimas de una enfermedad para la que no existían remedios. Había que alcanzar algo parecido a la plenitud a pesar de esa precariedad, o mejor aún: en virtud de esa precariedad, a causa de ella, porque la vida era frágil y corta, sí o sí. Disfrutabas el hoy desde la conciencia de que el mañana era un albur, un lujo que, de momento, tu presupuesto no contemplaba.

El problema es que, en lugar de crear sabiduría a partir del cultivo del despojamiento al que el universo nos llama, la humanidad tomó un desvío y se fue en la dirección contraria. Empezamos a acumular, a almacenar, a amarrocar. A juntar cosas, a coleccionar, a atiborrarnos. A convertir el buen pasar en una fortuna y a la fortuna en poder y al poder en paranoia. Y sin reparar nunca en el absurdo de la empresa. Porque, ¿para qué sirven la mayor parte de las cosas que compramos y atesoramos y tratamos de incrementar, de multiplicar, mientras al mismo tiempo nos sometemos a la necesidad extra de protegerlas, de blindarlas, de rodearlas de alarmas? ¿Nos hacen más felices, más inteligentes? Claro que no. Apenas mejoran nuestra calidad de vida, y relativamente, ya que la compulsión de adquirir cosas se vuelve más importante que las cosas que queremos comprar y la compulsión deviene adicción — una de difícil cura, como casi todas.

La ambición material es humana por definición, porque es algo que creamos nosotros, los humanos, y nadie más. Pero eso no significa que sea un fiel reflejo de la esencia de nuestro ser. Al contrario: es anti-humana, contraría todo lo que la especie puede tener de bueno, de memorable y hasta de sagrado. Por eso el capitalismo desatado, sin límites, adopta conductas criminales. Y por eso también los hombres que son capitalistas desatados —que se identifican con el PacMan, que lo devoran todo a su paso, que no se sacian nunca— son una aberración.

Humanos también, sí. Pero en el más corrupto de los sentidos, una versión degradada hasta volverse casi irreconocible.


martes, 2 de enero de 2024

lunes, 1 de enero de 2024

    Abrimos  un nuevo  libro,  del   2024,   las páginas están vacias, cada una/o tiene la "prórroga" de escribir en ellas........

      Los hermanos Silvia _Eduardo  nos envían parte del material que  irán compartiendo de su expedición a Medellín, al encuentro con la Fraternidad de Foucauld,  agradecemos su testimonio.....      👇

Silvia y Eduardo: COMPARTIMOS UNA INTRODUCCIÓN Y EL TEXTO COMPLETO DEL DOCUMENTO ENTREGADO 👇🏼

 


Escalinatas del altar del templo mayor desplegamos imágenes de las y los mártires de América Latina como signo en el momento de la entrega del documento

 COMPARTIMOS UNA INTRODUCCIÓN Y EL TEXTO COMPLETO DEL DOCUMENTO ENTREGADO 👇🏼
 "Gritar el evangelio con la vida"
   El día 2 de diciembre de 2023,  representantes de distintos países del Continente Americano de la Fraternidad Laica Carlos de Foucauld, reunidos en esa ciudad desde el 26 de noviembre de 2023,  entregaron un escrito en el Seminario Conciliar de Medellín, recordando el encuentro de los obispos latinoamericanos, quienes se reunieron y elaboraron el documento de Medellín en el año 1968. 
Compartimos el texto completo del documento entregado que se hará llegar al Papa Francisco.
    (El texto no lo podemos pasar al blog, se pasará por otro medio)

sábado, 30 de diciembre de 2023

UN MENSAJE DE AYER , VÁLIDO SIEMPRE...de ATILANO ALAIZ (2008)

Que vayáis de bien en mejor. Y digo de bien en mejor, porque lo de bien, es ya un hecho; lo mejor, siempre es posible.   

   Yo sigo el ritmo de vida de siempre, pero esquivando la rutina, procurando hacer las cosas de siempre, pero como nunca, las mismas tareas, pero no lo mismo.                        Atilano

      Los SUPERMERCADOS del consumismo

 deben  quedar al margen.......

 Y nosotros debemos plantarnos en medio del egoísmo

  y negarnos a la profecía absurda.   

       Fragmento del pensamiento de Dm. Pedro Casaldáliga...

SÁBADO 30 DICIEMBRE, LOS EXTRAÑAREMOS LOS SÁBADOS, DE TODAS MANERAS EL BLOG SIGUE CON LA PALABRA DOMINICAL y PAGOLA

   El  Blog, en la medida de sus posibilidades no se toma licencia, hace una pausa algo más extensa en su divulgación, pero se mentiene  abierto a quienes deseen colaborar.    Los hermanos Caram, seguramente tienen mucho para contar, el Blog ofrece sus páginas.   El mundo, nuestra realidad comienza un año muy fermental,  los cristianos podemos y debemos ser protagonistas informados y formados para el cambio que la sociedad desconcertada en algunos estamentos está necesitando.   Ahí La Palabra  debe hacerse realidad.     

    Aún estamos transitando  las horas  que nos llevan al final del 23,  nos debemos un  exámen de conciencia de nuestra actitud cristiana ante los más prójimos, de sangre y los espirituales de la comunidad.     No ha sido un año fácil, hemos tenido muchas carencias,  el clima nacional; incide, nuestra edad;  incide, nuestra disponibilidad; incide, nuestras ganas; incide, nuestra pasión; incide.....esperamos cambiemos nuestra  actitud general. todo/as !  para que a pesar de todas nuestras carencias, cansancio, aburrimiento, envidia,  egoismo, olvidos  hagamos el esfuerzo para  cambiar  primero nosotro/as para cambiar el entorno.          Somos humanos la tarea no es sencilla, pero en nosotros está no complicarla más,   es un deseo, en el acierto u error,  las páginas del Blog , insistimos están abiertas para expresarse.......

                                      José Eduardo

Evangelio según la comunidad de Lucas . Cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea ......

 Cuando llegó el tiempo de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén, para presentarlo al Señor. (De acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: "Todo primogénito varón será consagrado al Señor"), y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor: "un par de tórtolas o dos pichones". Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre honrado y piadoso, que aguardaba el Consuelo de Israel; y el Espíritu Santo moraba en él. Había recibido un oráculo del Espíritu Santo: que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu, fue al templo.                                                                                                        Cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo previsto por la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: «Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel.»             Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño.  Simeón los bendijo, diciendo a María, su madre: «Mira, éste está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será como una bandera discutida: así quedará clara la actitud de muchos corazones. Y a ti, una espada te traspasará el alma.»                                                                                     Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana; de jovencita había vivido siete años casada, y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del templo día y noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. Acercándose en aquel momento, daba gracias a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén. Y cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios lo acompañaba.                              Palabra del Señor


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Bielli - Bernada