En Jesús Dios Padre nos
expresó todo su amor… (Evangelio de Juan 11-14)
Es curioso cómo las madres (o
padres) y o abuelas (abuelos) se las ingenian para cuidar la vida de un niño,
alimentarlo, saber lo que les pasa…Y de mil maneras generan un intercambio que
las palabras de alguna manera van aclarando…Pero la principal palabra es el amor
que se les tiene. Y es el amor lo que permita entender las palabras (gestos,
actitudes, entrega).
Pasa esto también con Dios, que
con mil gestos, obras, intervenciones, manifiesta su cuidado por la creación
entera, y en el ella, de una manera privilegiada, por el ser humano, hecho a su
imagen y semejanza (en la Biblia se dice que todo lo que Dios creó es bueno,
pero sólo del ser humano se dice que está hecho a imagen y semejanza de
Dios).
Siempre y en todas partes nos
rodea el amor de Dios que nos bendice con todo tipo de bendiciones: la vida, los
seres queridos, el poder movernos, disfrutar, comunicarnos…y la principal
bendición de Dios: su mismo Hijo, la divinidad de su hijo que puso su tienda
entre nosotros: no en un lugar ni pueblo determinado y circunscripto…sino en la
humanidad pobre, ensombrecida, silenciosa que en María, José, los pastores y
lejanos, muestran la humanidad que no cuenta. Como para manifestar que Dios
viene gratuitamente, sin méritos nuestros, sino por pura
misericordia.
De alguna manera, desde siempre
Dios vivió en el amor (de Padre Hijo y Espíritu). El Evangelio de Juan dice que
todo fue creado por la Palabra (el hijo estuvo presente en Dios desde toda la
eternidad), porque Dios es AMOR. Pero el interlocutor de Dios debe comprenderlo,
y esta Palabra Sabiduría Hijo, que siempre llenó la creación, se hace niño, se
hace Carne…paa que comprendiéramos su amor, su entrega.
Y esta Palabra que es vida, y
luz, se comunica, se da, se brinda, se expande por decisión de Dios y llega a
nosotros en Jesús. Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros. El quiere
habitar no en un templo, no en una tienda, sino en el corazón de cada uno/a, en
la humanidad, en la creación. Dios mismo quiere habitar en cada uno, en la
humanidad entera, pero de una manera viva, y eso requiere aceptación. “Señor,
ven a vivir en mí, ama en mí”.
Este es el misterio de la
navidad. Este es el misterio de la comunicación de la vida. Dios se brinda en
Jesús. Y entonces se nos ilumina la existencia. Porque Él es la luz que ilumina.
Y a pesar de mis oscuridades, en Él está la Luz.
Ahora bien: los seres humanos
captamos o no ese regalo. Recibimos o no esa vida. Aceptamos o no esa luz. Y a
los que aceptan la Palabra, a Jesús, se les concede ser hijos en el Hijo. Ser y
sentirse hijos de Dios. ¡Hermoso!
Para que haya comunicación de
amor es preciso una respuesta para el amor no quede en el
vacío.
Ser cristiano es vivir la
alegría de ser amados, queridos, criados, cuidados, renovados…por Dios, en
Cristo. Cuando le decimos SÍ. Cuando nos abrimos a su amor. Cuando dejamos que
su luz ilumine nuestras tinieblas. Amén.
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