martes, 30 de junio de 2015

LOMEJORdLASEMANA,segúnJuanCEJUDO ( II )

Los “ciegos” y los que “están ciegos”
José M. Castillo, teólogo

  ¿Cómo es posible que haya ahora mismo tanta gente importante en el mundo que está furiosa contra el Papa por lo que ha dicho, en su reciente encíclica, sobre el cuidado de la naturaleza y del mundo? A esta pregunta se le pueden buscar muchas respuestas y explicaciones. Entre esas posibles respuestas, hay una que a mí me da mucho que pensar.
Me refiero a lo que dice el evangelio de Juan, (cap. 9), cuando relata la curación de un ciego. El capítulo comienza diciendo que la ceguera no está causada por pecado alguno (Jn 9, 3). Y termina afirmando que hay formas de ceguera que son consecuencia de la maldad humana (Jn 9, 39). Porque no es lo mismo “ser ciego” que “estar ciego”. Y eso es – creo yo – lo que les pasa a quienes se empeñan en defender que ni estamos haciendo de este mundo “un inmenso depósito de porquería”, (L.S., nº 21); ni los mayores responsables de tanto desastre son los más poderosos de la tierra; ni el Papa tiene que meterse a decir estas cosas.

Los que se reúnen, una y otra vez, en solemnes encuentros al más alto nivel, pero lo hacen de forma que, una y otra vez, no resuelven el problema, ¿no son responsables del espantoso problema que estamos viviendo? ¿y del más aterrador problema que se nos avecina? ¿qué está pasando para que no veamos lo que se nos viene encima y ni nos demos cuenta de la responsabilidad que todos tenemos en este desastre?
Jesús respondió a estas preguntas de forma admirable: “Yo he venido a este mundo para que los que no ven, vean; y los que ven, se vuelvan ciegos” (Jn 9, 39). El Papa dice que hemos hecho de este mundo “un inmenso depósito de porquería”. Lo que pasa es que la porquería la soportan, la sufren, sobre todo los pobres de la tierra. Esos son los que ven. Los responsables de tanto desastre somos los que estamos ciegos. Por eso molesta tanto lo que ha dicho el Papa. Y hay quienes dicen que Francisco no tenía que meterse en estas cosas. Porque somos unos ciegos a quienes nos va bien con nuestra ceguera. Señal evidente de que estamos empeñados en seguir fabricando porquería. Para seguir imaginándonos que vivimos en el mejor de los mundos.

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