martes, 27 de marzo de 2018

DETODASPARTESVIENEN, de Vigo la reflexión de Atilano ALAIZ. SEMANA SANTA.. Alicia se expresa...


Alicia DeSa Torres de la Ceb. Jean Dumont…de Buenos Aires, Argentina;
Es verdaderamente conmovedor este mensaje. Pero conmovedor hasta la desestructuración, porque ¿cuántos de nosotros podemos no sólo sentir sino actuar en función del amor sin límites de Jesús? 

Ayer mismo una amiga reaccionó casi con enojo a un mensaje bastante anodino, de esos que circulan por las redes llamando a la solidaridad. Había dos o tres temas en los que se había sentido exigida esa semana, y se quejaba de que se esperara más de ella de lo que ya estaba haciendo por los demás... Algo que suele ocurrirnos cuando nos sentimos abrumados por las pequeñas cosas cotidianas, sin medir la inconmensurable distancia que nos separa de la locura del amor de Jesús, de su entrega total e incondicional. ¡Y nos sucede a quienes nos decimos cristianos! A quienes nos consideramos buenas personas porque somos honrados y compasivos, porque hacemos alguna obra de caridad y actuamos como buenos vecinos...
De algún modo asocio este comentario que comienza con el símbolo de la serpiente, al otro texto de Atilano sobre "la conversión de los buenos" ¡Cuánto nos falta todavía para convertirnos "de justos en hijos de Dios"! Para conmovernos hasta las entrañas y comprender que la "conversión" no se hace de una vez y para siempre. En ese mensaje de Atilano se menciona a un obispo de quien hicimos memoria justamente en estos días: Monseñor Romero, a 38 años de su asesinato. Magnífico ejemplo de conversión que se dio cuando se "con-movió", se "movió con" quienes se sentían llamados a hacer justicia hasta entregar su vida por ello, como lo hizo Jesús. 
¡Qué pequeños nos sentimos ante esos gestos!... No es un mal comienzo, sin embargo, para esta Semana Santa. La de poder contemplar la cruz con esa mirada, sintiendo que tras el dolor y la muerte hay vida que renace y se multiplica. Nunca el amor es en vano. El grano tiene que morir para dar fruto. 
Caminemos hacia la Pascua sintiendo lo que tiene que morir en nosotros para renovarnos en la fe, para esa conversión permanente a la que nos convoca quien nos amó primero.
Abrazo fraterno. Alicia. 


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