lunes, 21 de mayo de 2018

DETODASPARTESVIENEN, de Cadiz, JuanCEJUDO. Dice Castillo: ¿ No tengo sobrados motivos para expresar mi gratitud y reconocimiento ?"

CastilloEl pasado 19 de abril, fue un día importante para mí. Ese día estuve con el papa Francisco. Y pude hablar con él, en una entrevista sencilla y breve, pero que ha sido uno de los acontecimientos más importantes de mi vida. Cuanto más lo pienso, más me confirmo en lo que estoy diciendo.
¿Por qué se produjo este encuentro? Y sobre todo, ¿por qué lo considero tan importante en mi vida?

Pocos días antes del mencionado día 19, una tarde, cuando ya oscurecía, sonó el teléfono de mi habitación. Que no indicaba ningún número de procedencia. Al revés, sólo decía: “Número oculto”. No me atreví a descolgar. Pero, a los pocos segundos, el mismo teléfono insistió en la llamada. Levanté el auricular y – la verdad – no sé explicar lo que ocurrió en mi intimidad. Era el papa. Directamente y sin más presentaciones. Me impresionó, sobre todo, su insistente petición, que me repitió tres veces: “Padre José María, rece por mí; necesito mucho la oración”. La tercera vez que me lo dijo, noté que la voz se entrecortaba. Me insistió entonces en que me daba un abrazo. Y nos despedimos. Eso fue todo, aquella tarde.
Pero esto fue sólo el comienzo. A los cuatro días, me llama un señor de Madrid, para decirme que me comunicaba la invitación para acompañar al papa, el 19 de abril, en la misa que celebra cada mañana en la capilla de la residencia vaticana de Santa Marta. Y así fue. Una eucaristía sencilla, en la que estábamos poco más de veinte personas: algunos obispos, varios sacerdotes y un pequeño grupo de seglares entre los que yo me encontraba. La misa apenas duró media hora, incluida la breve homilía del papa.
No es fácil unir, en la vida, la mayor sencillez imaginable con la profundidad de experiencias que le dejan a uno marcado para el resto de sus días. Esto es lo que yo experimenté en el rato que estuve con el papa. Es esto seguramente lo más genial y motivador, que lleva en sí y contagia a los demás el papa Francisco, ya sea en una conversación privada, ya sea en la plaza de San Pedro, cuando se baja del coche descubierto que le lleva, se mete entre la gente, abraza a los chiquillos, saluda cariñoso a enfermos y mendigos, gasta bromas a unos y otros, contagiando la sensación de que así es como él se encuentra “en su ambiente”.
¿Qué hay en el fondo de esta forma de comportamiento? Lo más sencillo y lo más inalcanzable de este mundo: lo que en el lenguaje del Evangelio se indica con una llamada tan sencilla como peligrosa: “sígueme”. Jesús no fundó una religión, sino que se enfrentó con los “hombres de la religión”, hasta que acabó como sabemos que acabó sus días. Porque defendió la vida. Y se puso de parte de quienes se ven peor tratados por la vida.
En esto – me parece a mí – está la clave que explica el éxito y el conflicto del papa Francisco. Por eso hay tanta gente que le admira. Como también abundan los “importantes” (y hasta los cardenales) que no lo soportan.
Y termino. No sé si estoy en lo cierto. Pero, de todo lo que me dijo el papa, lo que más me impresionó fue que, al entregarle dos libros que le llevaba, me dijo esto; “Siga Vd escribiendo y publicando, que le hace mucho bien a la gente”. Hace treinta años, en 1988, me comunicaron oralmente (o sea, sin que mediara ni un documento, ni motivos, ni razón alguna…) que la Santa Sede me quitaba la “venia docendi”, el permiso para ejercer la enseñanza en un centro eclesiástico. Ahora, es el papa mismo el que me comunica directamente que siga publicando y enseñando. ¿No tengo motivos sobrados para expresar mi gratitud y reconocimiento por la bondad, libertad y generosidad de este Papa?

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