lunes, 21 de mayo de 2018

DETODASPARTESVIENEN, de Cadiz JuanCEJUDO Corresponsal.

Tamayo3Entre los muchos maestros y maestras en el aprendizaje de la esperanza y de la utopía voy a citar a cuatro de muy distinta procedencia política, social, cultural y religiosa: mi padre, Martín Tamayo, que apenas sabía escribir, ya que abandonó la escuela a los 10 años para ponerse a trabajar en la agricultura familiar, y tuvo siempre una esperanza tan indestructible que ni las malas cosechas lograron hacerla tambalear; mi compañera Margarita Pintos, pionera de la teología feminista en España. Pablo de Tarso, el primer teólogo cristiano de la esperanza; Ernst Bloch, autor de El principio esperanza, calificada como la catedral laica de las utopías.

En este artículo hablaré de mi padre y de mi compañera Margarita Pintos.
Mi padre: labró la tierra y esperó el tiempo de la recolección
Cuando escribí en 1993 mi libro Para comprender la escatología cristiana1, quise dedicárselo a mi padre, que en el momento de la redacción se debatía entre la vida y la muerte. Falleció cuando el libro estaba ya en la imprenta y unos días después de su fallecimiento llegué a tiempo de escribir la siguiente dedicatoria, que se encuentra en el frontispicio del libro:
“A mi padre, que nada sabía de escatología y mucho de esperanza; que, siendo labrador, no cayó en la tentación de mirar al cielo en tono de súplica y lamento, sino que supo labrar la tierra con la azada y el arado, supo esperar activamente contra toda esperanza el tiempo de la recolección, y trillar la mies en la era. Pareciera que san Pablo estuviera pensando en mi padre cuando escribía a los cristianos de Corinto: ‘El que ara tiene que arar con esperanza; y el que trilla, con esperanza de obtener su parte’ (1Cor 9,10)”. Es este uno de los textos que leo con frecuencia para levantar el ánimo en tiempos de decaimiento –que, a decir verdad, no son mucho por mi intensa actividad viajera, literaria y docente-, y cada vez que lo hago se me saltan lágrimas de esperanza.
Margarita Pintos: en pos de la utopía feminista
Margarita Pintos, mi compañera durante cuarenta años, me invitó a caminar por la senda de la utopía feminista. Encerrado como estaba en mi cosmovisión patriarcal, fue a ella a quien oí por primera vez los nombres de las mujeres que han construido la utopía feminista: Olympia de Gouges, Mary Wollstonecraft, Elisabeth Cady Stanton, Simone Beauvoir, Betty Friedam, Kate Millet, Shulamith Firestone, Nancy Frazer, Concepción Gimeno de Flaquer, Clara Campoamor, Célia Amorós, Amelia Valcárcel, Alicia Puleo, Ana de Miguel, María José Guerra…
Ella despertó mi interés por la obra de estas pensadoras feministas, que enseguida leí desaprendiendo las lecciones teológicas y filosóficas androcéntricas y aprendiendo la teoría de género por la que ahora transito y aplico al estudio de las religiones, donde estoy elaborando una teoría crítico-feminista de las religiones monoteístas y una hermenéutica interreligiosa feminista.
En dicha teoría he elaborado la categoría “masculinidades sagradas” como base del patriarcado religioso –que llamo “patriarcado Extremoduro-, que legitima el patriarcado político y que Mary Daly justifica así: “Si Dios es varón, el varón es Dios”. La ecuación de mi teoría es “dioses varones-masculinidad sagradas-subordinación-violencia contra las mujeres”. Gracias a mi compañera Margarita Pintos hoy puedo definirme como teólogo feminista.
Otro resultado de su magisterio es el feminismo de nuestros hijos, que viven y practican sin el baño teológico de su padre y su madre. Los cuatro formamos una comunidad materno-paterno-filial- sororal que Margarita ha querido ejemplificar con un whatsapp titulado “Una de Pintos y tres Tamayos”. Los cuatro nos reímos mucho cuando creó esta cuenta de whatsapp. A decir verdad, es una excelente maestra –fue su profesión durante cuarenta años-, que nos toma la lección al modo tradicional. Solemos aprobarla, aunque nos queda mucho por aprender y, sobre todo, por practicar.

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