jueves, 2 de julio de 2026

Evangelio y Lecturas del XIV Domingo del Tiempo Ordinario. Domingo 5 de julio del 2026, séptimo mes.-

Primera Lectura de la profecía de Zacarías.-

Así dice el Señor: «Alégrate, hija de Sión; canta, hija de Jerusalén; mira a tu rey que viene a ti justo y victorioso; modesto y cabalgando en un asno, en un pollino de borrica. Destruirá los carros de Efraín, los caballos de Jerusalén, romperá los arcos guerreros, dictará la paz a las naciones; dominará de mar a mar, del Gran Río al confín de la tierra.»    Palabra de Dios

S a l m o

R/. Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey

Te ensalzaré, Dios mío, mi rey;
bendeciré tu nombre por siempre jamás.
Día tras día, te bendeciré
y alabaré tu nombre por siempre jamás
R/. Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey

El Señor es clemente y misericordioso,
lento a la cólera y rico en piedad;
el Señor es bueno con todos,
es cariñoso con todas sus criaturas
R/. Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey

Que todas tus criaturas te den gracias, Señor,
que te bendigan tus fieles;
que proclamen la gloria de tu reinado,
que hablen de tus hazañas
R/. Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey

El Señor es fiel a sus palabras,
bondadoso en todas sus acciones.
El Señor sostiene a los que van a caer,
endereza a los que ya se dobla
n. R/. Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey

Sda Lectura, de la carta de Pablo a los Romanos 

Ustedes no están sujetos a la carne, sino al espíritu, ya que el Espíritu de Dios habita en ustedes. El que no tiene el Espíritu de Cristo no es de Cristo. Si el Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en ustedes, el que resucitó de entre los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales, por el mismo Espíritu que habita en vosotros.    Así, pues, hermanos, estamos en deuda, pero no con la carne para vivir carnalmente.   Pues si vivís según la carne, van a la muerte; pero si con el Espíritu dan muerte a las obras del cuerpo, vivirán           Palabra de Dios

Evangelio según la comunidad de Mateo 

    En aquel tiempo, exclamó Jesús: «Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla.    Sí, Padre, así te ha parecido mejor.    Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados, y yo los aliviaré. Carguen con mi yugo y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontrarán vuestro descanso.    Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.»      Palabra del Señor

05 Jul 2026


JULIO, domingo 5.- 14 Tpo.Ord. C.A.- De la comunidad de Mateo 11,25-30 REFLEXIONA PAGOLA.-

   DIOS ES PARA GENTE       SENCILLA..........

Fue hace muchos años, en L’École Biblique de Jerusalén, un maestro de exégesis nos iniciaba en el difícil arte de desentrañar el evangelio de Mateo. Todo parecía poco para captar el sentido último del texto: crítica textual, análisis literario, estructura del pasaje. Un día llegamos a esos versículos en los que Jesús exclama:   «Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y las has revelado a la gente sencilla». El profesor hizo un largo silencio.       Después nos dijo muy despacio:   «No olviden nunca estas palabras. Todo lo demás lo pueden olvidar»  . Fue probablemente la mejor lección de exégesis que he recibido nunca.      Luego, a lo largo de los años, he podido ver que es así.

Siempre que he tenido la impresión de estar junto a una persona cercana a Dios, ha sido alguien de corazón sencillo. A veces una persona sin grandes conocimientos, otras alguien de notable cultura, pero siempre un hombre o mujer de alma humilde y limpia.

En más de una ocasión he podido comprobar que no basta hablar de Dios para que se despierte la fe. Para mucha gente, ciertos conceptos religiosos están muy gastados, y aunque uno trate de sacarles todo el vigor y sabor que tuvieron en su origen, Dios sigue como «fosilizado» en sus conciencias. Sin embargo, me he encontrado con gentes sencillas que no parecen necesitar grandes ideas ni razonamientos. Intuyen enseguida que Dios es «un Dios oculto», y de su corazón nace espontánea una invocación: «Señor, muéstrame tu rostro».

Me he encontrado también con personas que se mueven siempre en el terreno de lo útil. Algunas abandonan a Dios porque les resulta perfectamente inútil; otras le retienen y dan culto porque les sirve. Sin embargo, he podido conocer a gentes sencillas que viven dando gracias a Dios. Disfrutan de lo bueno de la vida, soportan con paciencia los males; saben vivir y hacer vivir. No sé cómo lo logran, pero de su corazón parece estar siempre brotando la alabanza al Creador. Su vida es un acierto.

He expuesto muchas veces temas religiosos y he hablado de Dios ante gentes muy diversas.         En ocasiones me he encontrado con personas que planteaban preguntas y más preguntas sobre toda clase de cuestiones teológicas, sin mostrar el menor interés por encontrarse con Dios.         Pero he visto también a gente sencilla cuyos ojos brillaban de forma especial cuando yo leía textos como este del profeta Isaías: «Yo soy el Señor, tu Dios… Tú eres de gran precio a mis ojos, eres valioso y yo te quiero… No temas, que estoy contigo» (Isaías 43,4); o cuando pronunciaba el Salmo 103: «Como un padre siente ternura por sus hijos, así siente ternura el Señor por quienes le temen. Pues él sabe de qué estamos hechos, se acuerda de que somos barro»         (Salmo 103,13-14). Sí, Dios se revela a gente sencilla.

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