Matrimonio, convivencia, separación, divorcio: una problemática compleja, en dinámica evolución en la sociedad de hoy. La Palabra de Dios es una referencia esencial para el creyente.
Los fariseos que se acercan a Jesús, no están buscando
con sinceridad una iluminación. Sólo quieren “ponerlo a prueba”, como el
demonio tentador en el desierto. Eligen un tema muy discutido: “ ¿Es lícito al hombre divorciarse de su mujer?”. Para los fariseos no hay duda sobre el
derecho al divorcio, y que este derecho está reservado sólo al varón, que tiene la propiedad y el poder sobre la mujer. Para ellos, en discusión está sólo: cuáles son las motivaciones que puedan permitir a un hombre despedir a su mujer.
Ni se les ocurre una pregunta más amplia, sobre el sentido del matrimonio, de dónde luego derivar también la posibilidad o no del divorcio.
Jesús, a pesar de la mala fe de sus interlocutores, los lleva a reflexionar sobre la ley, poniendo en evidencia que Moisés había cedido a la “dureza del corazón” del pueblo, permitiendo al hombre “redactar una declaración de divorcio y separarse” de la mujer. Luego ubica el tema en el contexto del proyecto original de Dios, más allá de la ley de Moisés: “Desde el principio de la creación, Dios los hizo varón y mujer”.