SEMBRAR CON FE
En pocos años estamos pasando de una sociedad
profundamente religiosa, donde el cristianismo jugaba un papel decisivo
en la vida de las personas y en la convivencia social, a otro estilo de
vida más laico e increyente, donde lo religioso va perdiendo
importancia.
Acostumbrados a una «sociedad de cristiandad» donde lo religioso
estaba presente visiblemente en nuestras calles, plazas, escuelas y
hogares, son muchos los creyentes que sienten malestar y sufren ante la
nueva situación.
Más aún. Casi sin darnos cuenta podemos llegar a pensar que el
evangelio ha perdido su anterior virtualidad, y el mensaje de Jesús no
tiene ya garra ni fuerza de convicción para el hombre moderno.
Por eso se hace necesario escuchar con atención la parábola de Jesús.
Aun en su aparente insignificancia y modestia, el evangelio sigue
encerrando una virtualidad poderosa para «salvar» al hombre de lo que le
deshumaniza. Difícilmente encontraremos algo o a alguien que pueda dar
un sentido más humano y liberador a nuestras vidas.
Es cierto que, para ejercer su fuerza liberadora, este evangelio ha
de ser presentado con fidelidad, en toda su verdad, sus exigencias y su
esperanza. Sin deformaciones ni cobardías. Sin parcialismos
intencionados ni manipulaciones interesadas.
Es cierto también que el evangelio exige una acogida sincera y una
disponibilidad total. Y son muchos los factores que, como la riqueza,
los intereses egoístas o la cobardía, pueden ahogar y anular la eficacia
de la palabra de Jesús.
Pero el evangelio sigue teniendo hoy una energía humanizadora
insospechada. Olvidarlo sería un error lamentable para la sociedad
moderna. En cualquier caso, los creyentes hemos de recordar que no es
momento de «cosechar», sino hora de sembrar con fe en la fuerza
renovadora que se encierra en el evangelio. José Antonio Pagola.-