La Iglesia no puede ser creíble si no está dispuesta a dejarse purificar por el mismo Evangelio. La verdad puede ser dolorosa, pero solo la verdad libera. Reconocer los errores no debilita a la comunidad; la hace más honesta. Pedir perdón no es una estrategia de comunicación; es una exigencia de la conversión cristiana. Y establecer mecanismos de prevención, transparencia y rendición de cuentas no es desconfiar de las personas, sino amarlas lo suficiente como para protegerlas.
También conviene evitar otro extremo:
identificar a toda la Iglesia con los crímenes de algunos de sus miembros. (en este momento un clérigo vive una situación muy engorrosa , creemos debe dar un paso al costado en sus actividades hasta que se dilucide su situación)
Miles de sacerdotes, religiosos y laicos
viven cada día una entrega generosa, discreta y fiel.....
