Oración para comenzar el encuentro.-
Jorge Alonso 2024.-
Oración para comenzar el encuentro.-
Jorge Alonso 2024.-
«Donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos». La mejor manera de hacer presente a Cristo en su Iglesia es mantenernos unidos actuando «en su nombre», movidos por su Espíritu. La Iglesia no necesita tanto de nuestras confesiones de amor o nuestras críticas cuanto de nuestro compromiso real. No son pocas las preguntas que nos podemos hacer.
¿Qué hago yo por crear un clima de conversión colectiva en el seno de esta Iglesia, siempre necesitada de renovación y transformación? ¿Cómo sería la Iglesia si todos vivieran la adhesión a Cristo más o menos como la vivo yo? ¿Sería más o menos fiel a Jesús?
¿Qué aporto yo de espíritu, verdad y autenticidad a esta Iglesia tan necesitada de radicalidad evangélica para ofrecer un testimonio creíble de Jesús en medio de una sociedad indiferente y descreída?
¿Cómo contribuyo con mi vida a edificar una Iglesia más cercana a los hombres y mujeres de nuestro tiempo, que sepa no solo enseñar, predicar y exhortar, sino, sobre todo, acoger, escuchar y acompañar a quienes viven perdidos, sin conocer el amor ni la amistad?
¿Qué aporto yo para construir una Iglesia samaritana, de corazón grande y compasivo, capaz de olvidarse de sus propios intereses, para vivir volcada sobre los grandes problemas de la humanidad?
¿Qué hago yo para que la Iglesia se libere de miedos y servidumbres que la paralizan y atan al pasado, y se deje penetrar y vivificar por la frescura y la creatividad que nace del evangelio de Jesús?
¿Qué aporto yo en estos momentos para que la Iglesia aprenda a «vivir en minoría», sin grandes pretensiones sociales, sino de manera humilde, como «levadura» oculta, «sal» transformadora, pequeña «semilla» dispuesta a morir para dar vida?
¿Qué hago yo por una Iglesia más alegre y esperanzada, más libre y comprensiva, más transparente y fraterna, más creyente y creíble, más de Dios y menos del mundo, más de Jesús y menos de nuestros intereses y ambiciones? La Iglesia cambia cuando cambiamos nosotros, se convierte cuando nosotros nos convertimos.
Así dice el Señor: «A ti, hijo de Adán, te he puesto de atalaya en la casa de Israel; cuando escuches palabra de mi boca, les darás la alarma de mi parte. Si yo digo al malvado: «¡Malvado, eres reo de muerte!», y tú no hablas, poniendo en guardia al malvado para que cambie de conducta, el malvado morirá por su culpa, pero a ti te pediré cuenta de su sangre; pero si tú pones en guardia al malvado para que cambie de conducta, si no cambia de conducta, él morirá por su culpa, pero tú has salvado la vida.» Palabra de Dios
R/. Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor:
«No endurezcáis vuestro corazón»
Venid, aclamemos al Señor,
demos vitores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos. R/.Ojalá escuchen hoy la voz del Señor: «No endurezcan vuestro corazón»
Entren, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo, el rebaño que él guía. R/.Ojalá escuchen hoy la voz del Señor: «No endurezcan vuestro corazón»
Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masa en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras.» R/.Ojalá escuchen hoy la voz del Señor: «No endurezcan vuestro corazón»
A nadie le deban nada, más que amor; porque el que ama a su prójimo tiene cumplido el resto de la ley. De hecho, el «no cometerás adulterio, no matarás, no robarás, no envidiarás» y los demás mandamientos que haya, se resumen en esta frase: «Amarás a tu prójimo como a tí mismo.»mm Uno que ama a su prójimo no le hace daño; por eso amar es cumplir la ley entera. Palabra de Dios
Prometo vivir con ganas
Acabo de terminar el libro de Yayo Herrero Metamorfosis. Una revolución antropológica, que recomiendo vivamente. Leer a Yayo es siempre una gozada y no porque sea complaciente. Podríamos pensar que es agorera y alarmista, pero no es así, porque siempre basa sus reflexiones en datos objetivos y verificables.
En el libro nos habla de las distintas encrucijadas que encontramos en nuestro
mundo actual; los extravíos a los que
nos conduce esta sociedad capitalista, colonial, que sacrifica la vida a cambio
de los beneficios; la mutación que se
da en las distintas sociedades, con una forma violenta de existir, sufriendo
catástrofes y colapsos constantes, dando respuestas distópicas que no aportan
más que deshumanización y crueldad. Y para revertir esta realidad precisamos
una revolución antropológica, en la
que se tenga como prioridad la sostenibilidad de la vida, los ecofeminismos y
reconocer el malestar y el dolor para recorrer caminos plurales que conduzcan
al tiempo de la promesa.
Y este tiempo solo llegará si nos
comprometemos en un esfuerzo colectivo, con una lucha pacífica y constante, mediante
la organización y la unión de distintos colectivos, asociaciones, grupos que
trabajen en colaboración por otro mundo más justo y pacífico, libre y
fraterno/sororal.
Solo así será posible hacer realidad la
esperanza. Y para ello hay que cumplir una promesa que, desde lo cotidiano y
desde la utopía posible y realizable, deberemos llevar a cabo en la medida de
nuestras fuerzas y de la realidad cambiante que nos ha tocado vivir. Es la
promesa que redacta al final del libro y que reproduzco a continuación:
Prometo
vivir con ganas, llena de amor por la vida y por la gente. Prometo que nada me
dará igual. Prometo hacerme responsable de la vida que tengo más cerca. Prometo
hacerme responsable de la vida que está un poco más lejos. Prometo disfrutar de
cada uno de los días que me quede. Prometo llorar las vidas perdidas. Prometo
estar atenta y abierta a que lo que parece imposible pueda pasar. Prometo no
desconfiar de la potencia del encuentro. Prometo no despreciar cualquier avance
porque no haya logrado todo. Prometo no autoengañarme. Prometo sembrar hoy y no
dejar nada para mañana. Prometo que no estaré sola. Prometo no olvidar que las
olas gigantes nacen cuesta arriba. Prometo ser ola pequeña que nunca pierda la
vocación de ola gigante.
Nuestra
revolución es humilde no por pequeña, ni por falta de ambición, ni de esfuerzo
ni de voluntad.
Dice Silvio Rodríguez que solo el amor convierte en milagro el barro. Nuestra revolución es humilde por humana, de humus, de barro, de tierra. Y quiere ser milagro.
Estaba cursando tercer año A, con la maestra Aida Giannattasio, septiembre 1945
Hasta el primero de septiembre (1945) los vehículos circulaban por la izquierda.-A las cuatro de la madrugada del 2 (dos) de septiembre 1945, se cambió de mano.-
No hay placer más grande que el de sentirte, el de experimentar tu Presencia oculta, aunque real, en el hontanar del corazón, y darte gracias de mil maneras.
Comenzamos con un relato inconcluso que ayer tuve entre manos, no se de donde vino, pero acá lo comparto; cada una/o le dará terminación....
Krisha Gotani madre joven en tiempos de Buda.- Tuvo su primer hijo, luego vino una niña, el primero enfermó y pese a los cuidados falleció. Abrumada por el hecho Krisha tomo al niño en brazos caminó errante por las calles pidiendo ayuda pidiendo a gritos le devolvieran la vida. Algunos la a escuchaban impávidos sin atinar que decir, otros creían había enloquecido, un hombre se compadeció y le dijo ve a Buda es la única persona que te puede ayudar....
Sin demora acudió a Buda, se acercó y puso a sus pies el cuerpo del niño contándole su historia. Buda la escuchó con infinita ternura y compasión y le dijo con dulzura:
Solo hay un remedio para el mal que te acomete. Baja a la ciudad y tráeme un grano de mostaza de un hogar donde nunca haya ocurrido una muerte.
Colmada de gratitud, Krisha se puso de inmediato en camino hacia la ciudad. Se detuvo en la primer casa, contó su petición ....
Hija le dijo el anciano que le atendió, acá en esta casa muchos han muerto..... Así que golpeó en otra...., en otra,..... le respondían en nuestras familias hemos conocido muchas muertes......
30 de Agosto de 2026
[Por: Rosa Ramos]
“Hay razones del corazón, que la razón no comprende”
Pascal
“… necesitamos poner palabra a lo que nos incumbe radicalmente,
sabiendo que siempre quedarán cortas o serán simples balbuceos…”
Armando Raffo, sj
La palabra “misterio” viene del verbo griego “myein”, que se traduce por cerrar los labios. Y sin embargo han corrido ríos de tinta a lo largo de los siglos para decir algo acerca del Misterio con mayúsculas, así como de otros y en particular del misterio humano. ¿Será, como decía Armando Raffo, que necesitamos poner palabra a lo que nos incumbe radicalmente, aún a sabiendas de que apenas damos rodeos, intentado porfiada y torpemente aproximarnos con balbuceos?
Hace pocos días falleció Rubén Rada, músico, compositor y cantante uruguayo. Que la gente se muera no es ningún misterio, que le ocurra a una persona de 83 años lo es aún menos, es “lo normal”. Pero ¿qué genera la muerte alrededor? ¿qué generó en este caso particular en un pueblo entero? Lo que he visto y oído en estos días me ha conmovido, generando admiración, asombro e interrogantes más “radicales”. Sin duda hay razones del corazón que aquí se expresaron vivamente.
Lo que se vivió en estos días a partir de la muerte del “Negro Rada” me generó una reflexión acerca de la espiritualidad de mi pueblo laico y su misterio.
¿Quién era este hombre? Fue un niño muy pobre, que confesaba haber pasado hambre, junto a sus hermanos. Recordaba agradecido los cuidados y consejos de su madre y su tía, melliza de su madre. Había mal cursado apenas la mitad de la educación primaria. Escribía mal y con faltas de ortografía. Nunca estudió música, pero tenía oído absoluto y fue un genio componiendo canciones y haciendo música. Integró bandas y luego se destacó como solista (si bien solía cantar acompañado por sus hijos y por muchos cantantes). Vivió en su país, pero también largos años en otros. No seguiré con detalles biográficos, su trayectoria puede leerse, o escucharse en entrevistas. Es fácil acceder a su inmensa producción discográfica y hay una película documental del 2024 que lleva su nombre.
Lo que importa plantear aquí es lo que suscitó su muerte en el pueblo y lo que eso nos interpela. El modo en que la gente vivió la muerte de Rada y la hizo suya, queriendo expresarle la gratitud escenificando sus canciones, realmente fue extraño y conmovedor, fue como un Pentecostés para el paisito. Muerto Rada desató una mística inusitada, bella, colorida, amén de dolida, extraña en este país, que se propagó como chispas de fuego hasta alcanzar a todos. Sorprendió ese lenguaje común de lágrimas, canto y baile que permite quizá atisbar una vocación de bondad y unidad.
¿Por qué este músico provocó llanto y movilización de todo un pueblo? Había en Rada un misterio de unidad, reconciliación y resiliencia que viviendo era admirado por muchos, pero muriendo nos encendió a todos, siguiendo la metáfora. Quizá oscuramente intuimos que su persona y la música que le brotaba de todo el cuerpo, así como su alegría inmensa de vivir, nos redimía de la culpa de la esclavitud a que fue sometida su estirpe africana. De modo misterioso y providencial la vida de los buenos nos abuena, y al morir sus virtudes estallan expandiéndose en miríadas que nos tocan. No estoy santificando a Rada, solo formulando hipótesis de comprensión de lo acaecido.
A pocas horas de su partida “de este plano”, -se decía en este ambiente secularizado uruguayo- fue impresionante el éxodo desde distintos barrios de Montevideo hacia la calle Isla de Flores, espacio emblemático del candombe. Allí empezaron a sonar las lonjas, y la gente a aplaudir, a bailar.
No es extraño que en el Barrio Sur suenen tambores, tampoco es tan raro que a un genio de la música se lo salude así. Lo extraño y conmovedor fue como ese sonido convocó a tantos. El origen de las famosas “llamadas”, fue precisamente el toque de tambores con que los esclavos africanos se llamaban a reunión. Siglos después, “el Negro”, esa noche, llamó a sus hermanos de todas las razas, de la única raza humana, como decía él. Acudió gente de diferentes clases sociales, edades y estados. Una religiosa argentina me lo contó feliz que se sumó con otras Hermanas a esa “fiesta de la espiritualidad uruguaya”. Desde muy lejos alguien me escribía: “orgulloso de ser uruguayo”.
Seguían las sorpresas, a nivel de Presidencia se declaró “duelo oficial” para el día siguiente y que el velatorio público se realizara en el amplio Salón de los Pasos Perdidos del Palacio Legislativo. Ambas decisiones suponían un enorme reconocimiento del valor cultural de Rubén Rada. A estas decisiones se sumaron otras privadas: extrañamente los canales de televisión interrumpieron su programación, para ese día, y los siguientes, transmitir en vivo lo que sucedía, además de entrevistas y canciones.
El día 27 de agosto, desde las 15 hasta pasadas las 21 horas, hicieron largas filas miles de personas para pasar un instante frente al féretro y ofrendar una rosa, una foto, un cartel, una carta o una botella de vino. Sí, ¡también vino! Tan inédito como esa ofrenda fue escuchar en el suntuoso recinto durante todo el tiempo las canciones de Rada, cantarlas y con frecuencia aplaudir y bailar ante el ataúd. También llegaron y bailaron artistas de Argentina, y siempre se sumó su familia, familia de músicos como él. Nunca se había visto bailar en el Palacio Legislativo y más extraño aún: en un velatorio. Los medios transmitían en directo desde allí y se multiplicaban los videos por las redes.
¿Cómo explicar que, en un pueblo poco expresivo y poco dado a estridencias, se dieran estas expresiones? Tanto dolor, a la vez que tanto amor. Hacía un mes que Rada, que tanto amaba la vida, luchaba por vivir, que su familia lo acompañaba en esa lucha. Esa familia agotada de ese tiempo tan duro no se replegó, a ejemplo de él, se entregó, se expuso, sin retaceo ni pudor. Sus hijos no dejaron nunca de llorar, pero tampoco de abrazar y agradecer. En tanto todo el pueblo uruguayo, sin divisiones partidarias, y sus amigos argentinos, multiplicaban los gestos de gratitud y cariño.
¿Cómo se logró tal milagro de amor? ¿Fue la figura del artista notable y creativo que ofreció a todos su música durante tantas décadas? ¿Fue la persona misma de Rada, su alegría, su ternura, su humildad y autenticidad proverbial? Ahí entra lo histórico con toda su densidad y responsabilidad, lo que se construye desde lo dado. Ahí entran los otros -tantos otros en la vida de este hombre- como reverberaciones del Otro, entra el misterio humano y el Misterio. Aunque los uruguayos no se distingan por su religiosidad, creo que se distinguen por su profunda espiritualidad.
A partir del fenómeno de cómo vivió este pueblo la despedida de Rada las preguntas por las razones del corazón se repiten y siguen calando. ¿Qué imaginarios de vida en plenitud subyacen a las personas y a los pueblos, concretamente al nuestro? ¿Será que todos, más allá de ideologías y religiones, nos soñamos semejantes a Rada, humildes, buenos y generadores de unidad? ¿Será que, a pesar de nuestros empeños por acomodarnos a la sociedad, soñamos ser auténticos?
Cientos de canciones tenía grabadas Rada, muchísimas se recordaron y sonaron en estos días, pero quizá las más cantadas fueron “Mi país” y “Muriendo de plena”. (disponibles en internet)
¿Qué imaginario nostálgico de país unido y feliz, nos mueve al cantar “Mi país”? Acaso detrás del gris y la expresividad medida, ¿nos gustaría vestir como él, desafiando la sobriedad y las modas? Cuando cantamos “Muriendo de plena”, ¿somos irreverentes, o será que soñamos cantar y bailar viviendo y hasta muriendo? ¿Acaso el pueblo uruguayo poco proclive a la fe ultraterrena, tiene una nostalgia de Absoluto y un sueño de eternidad inconfesado?
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