CUARESMA, ¡Llegó la cuaresma!
Publicado por Agustín Cabré
El carnaval y la
Cuaresma.
Una idea infantil muy repetida al comienzo del año escolar es:
¿por qué no se cambian las cosas en este mundo para que sean tres meses de
escuela y nueve meses de vacaciones? La torta de la vida debería estar mejor
repartida.
Así también a más de algún cristiano se le ocurrirá pensar: ¿ Por qué no
habrán cuarenta días de carnaval y solamente tres días de “cuaresma”?
Pero hay que enfrentar la vida así como se presenta: el hecho es que el
carnaval es breve y empezamos el tiempo de cuaresma, siempre largo.
Sin embargo no se terminan los disfraces.
En carnaval brillan las
máscaras, los trajes espléndidos de las escuelas de samba, las diminutas
estrellitas bañadas en polvo de oro que apenas cubren los tres puntos
esenciales de la eterna belleza mujeril. En carnaval los disfraces nos fabrican
otra personalidad y detrás de los antifaces y las plumas escondemos nuestra
realidad.
Pero termina el carnaval y para vivir la cuaresma solamente nos
cambiamos los disfraces. En el fondo la cosa sigue igual, pero con menos bulla
y menos risas. Se pintan con ceniza las cabezas, se visten de color morado los
oficiantes de cultos, algunas personas redescubren el
rosario, se hacen llamados a la penitencia, hay
gente todavía preocupada de comer
pescados y marisco, carne nada...
Y detrás de tanto disfraz carnavalesco
o litúrgico, estamos nosotros,
seres humanos a los que Dios invita a la vida en todas sus dimensiones, y que
pretendemos inútilmente engañarlo con disfraces de circo.
Menos mal que El ve el corazón y no las
apariencias.
Quizá hasta le cause risa el vernos empeñados como
niños en esconder nuestro verdadero rostro -nuestra realidad- para aparentar
otras caras: yo soy Arlequín, yo soy Cleopatra, yo soy el rey Momo, yo soy una
bataclana, yo soy un monseñor, un cardenal, yo soy un penitente, yo soy un general…
-Yo sé lo que son- dirá Dios.- Yo conozco tu desnudez tapada con tanto
trapo colorido. Yo te quiero así como eres, aún vestido de payaso, y te sigo
invitando a celebrar la vida.
Mírate al espejo y ámate como Yo te amo,
así como eres, sin ponerte los coloretes de la farándula social o religiosa. Agustín c.m.f.