Decíamos en el copete volvemos sobre el comentario del día 27 de enero del 2026.- Para toda/os nosotros escuchado infinidad de veces, pero como nos pasa; bueno, a mi me pasa, lo escuchamos apreciamos su contenido a veces difícil como el que nos ocupa, pero la vida sigue sin muchas consecuencias.
Decimos pertenecer a una vieja Ceb. la SanFelipeySantiago, es cierto; con dificultades, tropezones, dolores y mucho más alegrías de las que siempre estamos en deuda por no agradecer demasiado. Partimos de muy jóvenes, fuimos formando familias, vinieron los hijos, compartimos su crecimiento, recordamos y ellos recuerdan los fines de semana juntos saliendo las tardes en la Commer de Alfredo, en la Fordson de José Luis, apeñuscados pero felices. Mates, te, bizcochos, chifón de Gloria, bizcochitos de aceite de Carmen, galletitas de maizena con limón de Cristina, todo muy sencillo, humilde pero elaborados con amor y disfrutarlos con más alegría. Las tardes de domingo en el Club de Golf, abierto al pueblo, por iniciativa de la Intendencia propietaria en definitiva del bien .-
Queridos hermanos, paz y bien.
Volvemos al comentario de La Palabra prometido. Por qué este prólogo, porque nos parece aleccionador, como de costumbre Jesús docente, nos dice: "Creer es comprometerse" y como decíamos al principio hace muchos años componemos una "familia espiritual" al decir de Alaíz, nos comprometemos a mantenerla, como a la otra...
Comenta el claretiano, Alejandro....
Y llegamos al Evangelio. Este pasaje refleja un momento clave en la vida pública de Jesús. Se van aclarando cómo son las cosas en el Reino de Dios. Ha habido siempre tensión entre las relaciones biológicas y la familia espiritual que se forma en torno a la Jesús, es cuestión de prioridades. Aunque su madre y sus hermanos vienen a buscarlo, Jesús no los rechaza, pero sí redefine su identidad familiar.
La madre y los hermanos de Jesús llegan, pero se quedan afuera, lo que indica que no pueden acceder a Él debido a la multitud que lo rodea. Su intención parece ser protegerlo, posiblemente por creer que está «fuera de sí», lo cual revela una comprensión limitada de su misión. Hace falta un camino de preparación para entender el plan de Dios. El Evangelio de Marcos, precisamente, es como un camino catecumenal hacia el pleno conocimiento del Mesías.
Al responder a la multitud que le anuncia que su familia lo busca, Jesús pregunta: «¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?» Luego mira a los que están sentados a su alrededor y dice: «Estos son mi madre y mis hermanos. Porque cualquiera que hace la voluntad de Dios, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre.» Este cambio de enfoque no niega el amor filial, sino que amplía el concepto de familia. La verdadera familia de Jesús no está basada en la sangre, sino en la fidelidad a Dios. Aquellos que escuchan, siguen y viven su palabra se convierten en su familia más cercana. Sin duda, María, su Madre, siempre estuvo cerca de Él.
Se nos invita, pues, a reflexionar sobre las prioridades en nuestra vida cristiana. A veces, incluso las relaciones más cercanas pueden poner en riesgo nuestra fidelidad a Dios. Jesús no rechaza a su madre, pero señala que la voluntad de Dios debe ser la guía suprema. Hoy, esta enseñanza sigue siendo una llamada a vivir en comunión con quienes siguen a Cristo, más allá de lazos sanguíneos.
Vuestro hermano en la fe, Alejandro, C.M.F.
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