domingo, 28 de abril de 2013

ELECCIONES PARAGUAY, recibido de Mario Zanota.

Por sus vínculos con el narcotráfico y por ser cómplice de los crímenes de los paramilitares, el ex presidente colombiano Álvaro Uribe –que en los archivos de la DIA (Agencia de Inteligencia de Defensa de EE UU) poseía el legajo número 82 que está rotulado como "Confidencial" y está a sólo tres puestos del de Pablo Escobar Gaviria, el extinto capo del Cartel de Medellín–, se ganó el mote de "narcopresidente".


Ahora, ese rótulo que pesaba sobre Uribe recae sobre Horacio Cartes, el empresario tabacalero y futbolístico que este domingo resultó electo como nuevo presidente del Paraguay. Cartés, un advenedizo de la política que se jacta de haber votado este fin de semana por primera vez, no sólo está acusado de narcotraficante y lavador de dinero, sino también de haber orquestado el golpe de Estado parlamentario que concluyó con la destitución del presidente Fernando Lugo y su posterior remplazo por el vicepresidente, Federico Franco, que se convirtió en la cara visible del golpismo que gobernó Paraguay desde junio de 2012.

Cartes irrumpió en la escena política en 2008, cuando el ex sacerdote Fernando Lugo obró el milagro de desalojar del poder al partido Colorado (Asociación Nacional Republicana) que había sido la estructura política del dictador Alfredo Stroessner.

Aquella humillante derrota obligó al Partido Colorado a pactar un acuerdo con Horacio Cartes, el único capaz de sacarlo de la crisis, no por su liderazgo sino por el peso de su billetera. Cartes no es un militante colorado típico, pero ha amasado una fortuna suficiente para financiar la campaña electoral de un partido que convence más por la cotización de los votos que por su ideario político.

La política nunca ocupó la agenda de Cartes, hasta que los colorados le abrieron la posibilidad de ampliar su nada despreciable fortuna.

La postulación del ahora triunfante Cartes fue el resultado –liso y llano–, de un pacto oligárquico, que no está sustentado en un proyecto político, sino en un acuerdo entre una clase política marginada del poder y un empresario devenido a político que busca aumentar sus ingresos. Un pacto de origen espurio, casi al estilo de la mafia, que en ciertas circunstancias negocia con una banda enemiga por necesidades de supervivencia mutua.

Para los colorados que conforman el riñón del partido, Cartes es un candidato descartable con fecha de vencimiento que caducó este 21 de abril, día en que ganó las elecciones por un amplio margen.

A partir de su asunción del 15 de agosto, arreciarán las conspiraciones en su contra, o tal vez antes, si es que ya no empezaron. O sea, sus mayores enemigos van a ser los caudillos del partido que lo postularon para el cargo más importante del país. Hoy Cartes es el ser más sublime para los colorados, pero a partir de ahora, será probablemente el personaje más molesto e incómodo.

La mayoría de los observadores paraguayos coincide en que la supervivencia de Cartes como presidente dependerá de su habilidad en repartir prebendas, y tendrá que construir su propio poder con los parlamentarios colorados, muy maleables a la hora de recibir algunos beneficios para mejorar su humor y su predisposición. Pero siempre tendrá enfrente a los antiguos caudillos que buscarán el premio mayor.

En ese escenario podría recurrir al auxilio de su amigo Blas Llano, presidente del Partido Liberal y futuro senador. Cartes es financista de las carreras de rally de Llano, y se sospecha que fue también el principal financista del golpe contra Fernando Lugo, y que el político liberal habría actuado a sus órdenes para consumar el golpe.

Frente al hostigamiento de los caudillos colorados, Cartes se verá obligado a reeditar un nuevo pacto de gobernabilidad con la oposición conservadora, una operación relativamente fácil, teniendo a un aliado-empleado como presidente de los liberales.

Con una brutalidad y desenfado que le son características, Cartes ya lo dijo hace unas semanas: "Soy capaz de poner plata de mi bolsillo para gobernar sin que los políticos me molesten", demostrando la concepción que tiene del Estado, una factoría privada, que puede administrar según su voluntad que recuerda al personaje de "Yo, el Supremo", de Augusto Roa Bastos.

A pesar de los millones que ha gastado en su campaña, su batallón de asesores internacionales –entre los que se cuentan Francisco Cuadra, que se desempeñó como hombre de confianza y secretario de gobierno del dictador chileno Augusto Pinochet entre 1984 y 1987–, no han provisto a Cartes con un programa de gobierno comunicable ni un léxico claro para los tiempos de la televisión, señala la investigadora Lorena Soler, autora del libro Paraguay la larga invención del golpe. En ese sentido, Cartes sigue siendo un personaje que se siente más a gusto en reuniones privadas, por la incomodidad de dar la cara frente a la lluvia de acusaciones sobre las vinculaciones con el narcotráfico y el lavado de dinero.

Cartes pasó de ser un humilde distribuidor de cigarrillos a principios de los '90 a millonario empresario tabacalero. Sus empresas puntales son Tabacalera del Este SA y Tabacos del Paraguay SA. Está vinculado a empresas deportivas, al Banco Amambay y diversas estancias y empresas agroganaderas.

Los antecedentes judiciales y policiales de Horacio Cartes dan cuenta de que el 16 de octubre de 1988, la Interpol informaba sobre una acusación de un supuesto delito de falsedad ideológica de operaciones de importación, falsificación de documento público y privado y estafa, que lo llevaron a la cárcel tras unos famosos negociados con divisas preferenciales, en la época de la dictadura del fallecido general Alfredo Stroessner.

Pero las acusaciones más fuertes lo relacionan con el tráfico de drogas y el lavado de dinero. Cartes cuenta con varias estancias en zonas de producción y tráfico de drogas. En el año 2000, la Secretaría Nacional Antidrogas halló en su estancia Nueva Esperanza, zona de Cerro Kuatiá, jurisdicción de Capitán Bado (Amambay), una aeronave con matrícula brasileña, que aterrizó de emergencia, y que contenía 20 kilos de cocaína cristalizada y 343 kilos de marihuana prensada. Desde entonces, Cartes estuvo en la mira de organismos antidrogas.

Domingo "Papacho" Viveros Cartes, un narcopiloto paraguayo que fue apresado en Brasil en 2001, con una carga de 230 kilos de cocaína que llevaba en una avioneta, era primo del presidente electo. Viveros Cartes ya tuvo una condena en Paraguay en 1985 por tráfico de drogas.

El diario brasileño O Globo menciona informes de la agencia antidrogas norteamericana DEA. Entre los varios ejemplos referidos por el artículo del periódico como sistemas de lavado de dinero se encuentran las operaciones realizadas en la zona de la triple frontera (Argentina, Brasil y Paraguay) por el Banco Amambay, de propiedad de Cartes.

Según el diario La Nación de Paraguay, Cartes se relacionó ya desde 1993 con el brasileño-árabe Fahd Jamil Georges, capo mafioso de la frontera del Amambay con Brasil.

Según la investigación, en 1993 y 1994 Fadh y sus hermanos vendieron tierras a testaferros de Cartes, que incluye varias estancias que cuentan con pista de aterrizaje. El Banco Amambay, donde eran clientes los Jamil, intervino en ambas operaciones abiertamente, llamando la atención de investigadores de lavado de dinero.

En febrero de 1994, Fahd Yamil y sus hermanos volvieron a vender tierras a Cartes. El periódico señala que, de acuerdo a informes de la DEA, "Horacio Cartes comanda una gran lavandería para mafias de varios países, principalmente el Brasil".

Los vínculos de Cartes con el narcotráfico volvieron a ser noticia con las investigaciones de los EE UU reveladas por un cable de WikiLeaks que data del 5 de enero de 2010, donde se menciona también la venta de narcóticos a Estados Unidos y lo sindica como "cabeza de organización de lavado de dinero en la Triple Frontera".
 
"EL PASADO ES INDESTRUCTIBLE, TARDE O TEMPRANO VUELVEN LAS COSAS, Y UNA DE LAS COSAS QUE VUELVE, ES EL PROYECTO DE ABOLIR EL PASADO"
Jorge Luis Borges












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