sábado, 12 de diciembre de 2020

ATILANO ALAIZ.- Hace unos meses viene desarrollando magistralmente un tema dejado de lado. BUENAS RELACIONES. Hoy entrega LA INVITACIÓN A LA TERNURA -3-

                        INVITACIÓN A LA TERNURA -3-

     Aprender ternura

 La ternura y los gestos de cariño han estado, y están todavía desprestigiados en muchos ambientes y por muchas personas; se les considera propios de psicologías débiles, sensibleras, propios exclusivamente de niños y mujeres. No cabe duda que, en muchas personas sensibleras esto es verdad. “Los hombres no lloran”…, se decía con frecuencia a los niños para acallar su llanto. Pero, sin embargo, Jesús de Nazaret lloró, Pablo lloró, todos los últimos Papas han confesado sus lágrimas ante situaciones dramáticas de las que han sido testigos; lloraron ellos que no tenían ni tienen nada de débiles ni de sensibleros. Para tomar conciencia de la importancia que se da, que damos a la ternura, hemos de preguntarnos todos: ¿Cuántas veces hemos oído hablar y cuántas veces hemos hablado de ella? 

     San Agustín, que tenía mucho de sensible y muy poco de sensiblero, desde su propia experiencia, nos presenta magistralmente al grupo cristiano como el jardín de la ternura, en el que se convive con un esmerado cariño: “La vida del grupo de amigos consiste en rezar juntos, pero también en hablar y reír en común; intercambiar  favores, leer juntos libros bien escritos, estar bromeando juntos y juntos serios; estar a veces en desacuerdo, sin animosidad, como se está a veces con uno mismo, y utilizar este raro desacuerdo para reforzar el acuerdo habitual; aprender algo unos de otros o enseñar unos a otros; echar de menos con pena a los ausentes; acoger a los que llegan con alegría y hacer manifestaciones de este tipo o de otro género, chispas del corazón de los que se aman y atraen, expresadas en el rostro, en la lengua, en los ojos, en mil gestos de ternura; y cocinar los alimentos del hogar en donde las almas se unan en conjunto y en donde varios no sean más que uno” (San Agustín, Confesiones, IV,8,13). No cabe una descripción más perfecta de lo que ha de ser un grupo humano y cristiano, que vive el “agapé”, el amor derramado por el Espíritu de Jesús (Rm 5,5). Es la explicitación vivencia de la consigna de Jesús, cabalmente vivida, como la vivió la comunidad de Jerusalén; sus miembros eran “uno”, “tenían un solo corazón y una sola alma” (He 4,32).  

     En general, los pertenecemos a la cultura occidental, los integrantes del Primer Mundo, somos poco expresivos, poco efusivos. Por experiencia puedo afirmar que los del Tercer Mundo y los sudamericanos son más expresivos que nosotros. Los hombres, sobre todo, se besan, se abrazan, realizan más gestos de ternura más que en Europa. No olvidemos que los cristianos, nuestras familias y comunidades estamos llamados a ser el corazón de la sociedad. “La carta a Diogneto, un documento muy importante para las primeras comunidades cristianas que, además, estuvo a punto de ser incluido en los libros revelados del Nuevo Testamento, se afirma: “Lo que es el alma para el cuerpo, eso son los cristianos para la sociedad”; sobre todo en esta nuestra sociedad, en la que, como señala el Papa Francisco, “se ha desarrollado la globalización de la indiferencia” (EG,54). Y reinan con frecuencia unas relaciones rígidas y frías las personas. Nuestras familias, comunidades y grupos cristianos están llamados a ser escuelas de ternura”. 


    Las expresiones gestuales de cariño


     Muchos, sobre todo mujeres, viven amargados/as por falta de expresiones de cariño de sus esposos y familiares. Algunos matrimonios me han confesado este diálogo entre ellos: El marido interpela un poco mslhumorado a la mujer: “¿Qué te pasa que andas tan cabizbaja y tristona? ¿Qué te falta? ¿No lo tienes todo, dinero, libertad, facilidades?”. A  lo que la esposa le responde: “Mira. no me falta nada…, y me falta todo”. A lo que le pregunta el marido: “¿Qué es ese todo que te falta?”. A lo que responde la mujer: “Tu cariño”. A ello replica el marido: “Tú sabes que te quiero”. Pero la esposa le replica: “Sí, pero quiero que me lo digas”. Y esto sucede con frecuencia no sólo entre matrimonios, sino también entre el resto de los familiares y los amigos. El amor, el aprecio mutuo llena de gozo el alma de los que se quieren cuando se proclama con signos y palabras. San Juan Bosco indicaba a los padres: “Comed a besos y multiplicar caricias a vuestros hijos. No basta que los queráis. ¿De qué les sirve vuestro cariño si ellos no se enteran?”

     La ternura es una declaración de amor, pero no con el lenguaje verbal, sino con el lenguaje más elocuente que es el gestual. Un poeta anónimo confesaba: “Tu amor me inspira, tu ternura me conmueve y tus besos me enloquecen”. Leonardo Boff escribió un libro presentando los gestos de ternura como gestos litúrgicos agradables al Padre a los que llama con el nombre eclesial de sacramentales. La ternura se manifiesta en la palabra y con la palabra, pero también con los gestos. Es mucho más importante el contacto físico que una declaración verbal de cariño. Los gestos de ternura tienen una eficacia similar a la de los sacramentos, que “realizan lo que significan”; expresan el amor, el afecto, el cariño y, al mismo tiempo lo acrecientan. El beso, el abrazo, la caricia (cuando son sinceros y brotan del corazón) expresan la ternura existente y, al mismo tiempo, la acrecienta. La familia, el grupo, la comunidad forma, ayudan a crecer, fortalecen con un clima cálido, con unas una relaciones y gestos de ternura más que con la enseñanza verbal, por más sabia y competente que sea. Jesús y el Papa Francisco conmueven y convencen con sus mensajes porque van acompañados de ternura, que Jesús prodigaba incluso en las celebraciones de la sinagoga curando y repartiendo cariño (Mt 12,9-13; Lc 13,10-17); y el Papa Francisco lo hace después de sus audiencias y celebraciones acariciando y besando con ternura, sobre todo, a los niños y a los malheridos. Es la ratificación más acertada de sus audiencias y homilías.

     Tal vez no tenemos en la vida la oportunidad de realizar gestos heroicos de amor, pero podemos realizar continuos gestos de ternura y de servicio que, al fín y al cabo, en su conjunto, son una actitud global heroica, porque suponen la actitud martirial de quien vive pendiente de los demás y no mirándose sólo a sí mismo al ombligo. La vida, con frecuencia es cuestión de detalles. La Madre Teresa de Calcuta respondía a alguien que se disculpaba: “Yo no puedo hacer grandes cosas”, a lo que ella le responde: “Pues haz las pequeñas con mucho amor, y con ello ya se convierten en “cosas grandes”, como hizo María de Nazaret que lo hizo todo con el corazón encendido, a diferencia de sus convecinas que realizaban las mismas tareas, pero con una actitud rutinaria.

      Señala Francesc Torralba: “El abrazo, el beso, la caricia, la mano el hombro, la palmada afectuosa, son expresiones gestuales que introducen la calidez en el mundo de las interacciones humanas. Este contacto a través del gesto es una expresión de proximidad, una manifestación de encuentro con el otro, un signo elocuente de que no nos deja indiferente, sino que nos interesa y hace sufrir” (Francesc Torralba, La ternura, Lleida, 2010, 83). El abrazo, el beso, la caricia son una confesión gestual de cariño que la pandemia nos ha robado, pero que anhelamos ardientemente dar y recibir de nuevo. Señala también en este sentido el Papa Francisco en su encíclica reciente Fratelli Tutti: “Las comunicaciones digitales no son suficientes: “y pueden exponer al riesgo de la dependencia, del aislamiento y de progresiva pérdida de contacto con la realidad concreta, obstaculizando el desarrollo de relaciones interpersonales auténticas. Hacen falta gestos físicos, expresiones del rostro, silencios, lenguaje corporal, y hasta el perfume, el temblor de las manos, el rubor, la transpiración, porque todo eso habla y forma parte de la comunicación humana. Las relaciones digitales que eximen del laborioso cultivo de una amistad, de una reciprocidad estable, incluso de un consenso que madura con el tiempo tienen apariencia de sociabilidad. No construyen verdaderamente un “nosotros”, sino que suelen disimular y amplificar el mismo individualismo que se expresa en la xenofobia y en el desprecio de los débiles. La conexión digital no basta para tender puentes, no alcanza para unir a la humanidad” (Papa Francisco, Fratelli tutti, 43).


     El ritual de la ternura


     Conocemos personas que aman sinceramente a los demás, a los amigos, pero que no saben cómo expresarles el amor. No han aprendido el lenguaje de los gestos de ternura, el lenguaje no verbal del amor; son “analfabetos”  expresivos. El amor tiene sus maneras singulares, su idioma propio. Es preciso conocer las expresiones para canalizar la ternura, los sentimientos interiores. 

     Llegó a ser un éxito editorial, un superventas, el libro “Los cinco tipos de lenguaje del amor”, del autor norteamericano Gary Chapman. Define las cinco maneras básicas con las que las personas expresan y reciben amor: a través del contacto físico, haciendo regalos; verbalmente, mediante palabras amables; con actos de servicio o compartiendo tiempo de calidad. El autor denomina a estas expresiones de ternura “lenguajes del amor”. En el ritual de la ternura, hay que situar, en primer lugar, el contacto físico, cuerpo a cuerpo, como señala el Papa Francisco; es el lenguaje no verbal más espontáneo y más expresivo que se da en todas las culturas y circunstancias porque es directo y cálido. Todos lo entienden cuando es sincero, cálido y no gestos hipócritas, mentiras gestuales y formalismos de sociedad. ¿Quién no recuerda, como expresión suprema, en este sentido, el beso traidor de Judas a Jesús? 

     El abrazo. El abrazo prolongado, fuerte y apretado, las lágrimas sobre el hombro del amigo, suscitan más paz en su espíritu que numerosas exhortaciones de consuelo. En situaciones dolorosas y momentos delicados es más sabio callar que argumentar; es más sabio expresar la empatía solidaria con el gesto, con el abrazo. Alguien ha escrito un largo y entusiasmado canto al abrazo: “El abrazo debería ser recetado por los médicos, pues hay un poder curativo en él que aún desconocemos. El abrazo cura la tristeza. El abrazo nos da paz. En el abrazo somos más de dos. “Tú y yo somos tres”, que dice Camilo Cela . Porque está Jesús en medio de nosotros como lo estuvo con los de Emaús cuando caminaban del brazo los dos” (Lc 24,16). El abrazo rejuvenece el alma y el cuerpo”. Pero hay que advertir que sólo curan y alientan los abrazos impulsados por el amor, no recetados por el doctor. Necesitamos el abrazo que no ahoga ni subyuga, sino que da ánimo, que reafirma la fusión de la amistad. “Fundidos en un abrazo” se dice bien dicho. Necesitamos abrazos como el de san Francisco de Asís y santo Domingo de Guzmán, que el arte ha inmortalizado.. 

     El beso. Necesitamos el beso inocente y cálido. Lo echamos de menos en esta dolorosa situación de la pandemia. Pero he podido comprobar que muchos  sienten un impulso tan fuerte, que no se resisten sin dar el beso y el abrazo, a pesar de que está fuertemente desaconsejado. El impulso al beso a las personas que se quiere es un impulso vital general que todos sentimos, pero es especialmente fuerte cuando hemos recibido un gesto de amistad, de ayuda, una declaración de amistad. Es un gesto que forma parte del ritual de la amistad y el cariño en todas las culturas. Siempre que sean sinceros y no gestos protocolarios como el de los políticos que con él disimulan el odio o la indiferencia en su mutua relación. Pablo exhorta en algunas de sus cartas: “Saludaos unos a otros con el beso ritual. Todas las Iglesias de Cristo os saludan” (Rm 16,16; 1 Cor 16,20; 2 Cor 13,12). Pablo da al beso fraterno un sentido sagrado, lo considera un rito litúrgico. Es, sin duda, más sagrado el beso y abrazo al hermano, imagen y miembro vivo del cuerpo de Cristo que dárselo a una imagen muerta. En algunas parroquias, en Navidad, no dan a besar a una imagen muerta del niño Jesús, sino a una imagen viva, que es un niño viviente de carne y hueso. Es un gesto más teológico. ¿Por qué no dar un sentido teológico, referir a Jesús de Nazaret, el beso que damos al familiar, al amigo, al vecino?

     La caricia. La caricia es una expresión gestual que forma parte del lenguaje no verbal del esperanto de todas las culturas. La caricia forma parte esencial  de la educación sentimental como expresión de amor y ternura. Ser acariciado es algo esencial, sobre todo dentro del universo personal del hombre y de la mujer; una condición para su equilibrio emocional. Señala a este respecto Francesc Torralba: “Al acariciar a alguien, deslizamos suavemente la mano sobre la epidermis del otro. Acariciar no es palpar, ni, propiamente, manosear. Indica respeto y embeleso por el otro, pero, a la vez, deseo de presencia. Es un gesto que sobre todo evoca respeto hacia el otro, consideración hacia su  persona. La caricia es un contacto físico, un roce entre pieles, aunque expresa un tipo de sentimiento más profundo que la piel. A través de la caricia comunicamos algo que trasciende lo físico, una intención difícilmente asimilable”. Y afirma, asimismo, “Es imposible acariciar a una persona sin que a la vez nos estemos acariciando a nosotros mismos” (Francesc Torralba, La ternura, Ed. Milenio, Lleida, 2010, 56, 58).

     Hablamos, decantamos nuestros sentimientos con todo nuestro cuerpo con un lenguaje no verbal, pero sí real. Un lenguaje que hay que aprender y hablar acertadamente. De mil forma y maneras expresamos el nivel de nuestra ternura. Una persona que se presente como autosuficiente, fuerte y altiva jamás provocará ternura, aunque con frecuencia no sea más que un camuflaje de un corazón herido, que en el fondo está buscando comprensión, amistad y ternura; pero, de entrada, provoca rechazo” (Torralba, 49-50). “Hay una mirada tierna, envolvente, pero existe también una mirada dura que juzga y condena, una mirada llena de ira. Esa mirada que, como analizó Jean Paul Sartre, convierte al otro en un objeto, una cosa, un ser descarnado. La mirada tierna no juzga, ni interroga, ni hiere. Es una mirada que invita al diálogo, al encuentro, a la revelación de la intimidad propia” (Torralba,110). Los evangelistas ponen de relieve la mirada expresiva de Jesús en diversas ocasiones” (Torralba, 110).


     La palabra alentadora

 

     La ternura se proclama se expresa, naturalmente, con la palabra alentadora. “Frente a términos grandilocuentes, palabras repletas de ternura. Frente a gestos arrogantes, pequeños detalles que otorguen sentido a la vida cotidiana” (Francesc Torralba, La ternura, Milenio, Lleida, 2010, 117). La ternura se proclama con lo que se dice y con el tono con que se dice. Se proclama con el tono dulce, acariciador con que se dice; hay tonos desenfadados en el hablar, que son como el roce con un cactus, y hay tonos que son una caricia, música deleitosa para el oído. El Papa Francisco, en su encíclica reciente Fratelli tutti hace una exhortación muy oportuna y concreta: “En estos tiempos donde abunda la agresividad, todavía es posible optar por el cultivo de la amabilidad. Hay personas que lo hacen y se convierten en estrellas en medio de la oscuridad. San Pablo mencionaba un fruto del Espíritu Santo con la palabra jrestótes (Ga 5,22), que expresa un estado de ánimo que no es áspero, rudo, duro, sino afable, suave, que sostiene y conforta. La persona que tiene esta cualidad ayuda a los demás a que su existencia sea más confortable, sobre todo cuando cargan con el peso de sus problemas, urgencias y angustias. Es una manera de tratar a otros que se manifiesta en diversas formas: como amabilidad en el trato, como un cuidado para no herir con las palabras o gestos, como un intento de aliviar el peso de los demás. Implica “decir palabras de aliento, que reconfortan, que fortalecen, que consuelan, que estimulan, en lugar de “palabras que humillan, que entristecen, que irritan, que desprecian” (…) Hoy no suele haber tiempo ni energías disponibles para detenerse a tratar bien a los demás, a decir “permiso”, “perdón”, “gracias” (…). Este esfuerzo, vivido cada día, es capaz de crear esa convivencia sana que vence las incomprensiones y previene los conflictos. El cultivo de la amabilidad no es un detalle menor ni una superficial o burguesa”  (Papa Francisco, Fratelli tutti, 222-224).

      La ternura se proclama con los encuentros presenciales y con las intercomunicaciones frecuentes a través de los diversos medios de que disponemos hoy; sobre todo en las fechas significativas de las personas que queremos: en su santo y cumpleaños, en las grandes fiestas, sobre todo, en Navidad y Pascua, en los acontecimientos gozosos o dolorosos para compartir alegrías y penas y, con frecuencia, en todo tiempo para gozar del encuentro mutuo. La ternura se proclama y crece con el intercambio regalos, no es necesario que sean costosos, basta con que sean sencillos, pero cargados de sinceridad y de cariño. No se trata de un lenguaje altisonante del regalo costoso, sino del mensaje cariñoso de una rosa, por ejemplo. En Galicia estos detalles se llaman “cariño” (te he traído un cariño”. Cuando hay ternura en el corazón, hay también creatividad en la imaginación. Y la expresión de la ternura la hace crecer.


     La ternura, perfume del amor y la caridad


     Entiendo la ternura y el cariño como el perfume de la caridad. No son un simple subproducto del Evangelio o rasgo propio de una cultura particular, no son algo optativo para el cristiano. Afirma categóricamente el Papa Francisco: “Para la fe es esencial la ternura, esa palabra que algunos quieren borrar del diccionario”. El cariño y la ternura son el perfume que descubre y anuncia la presencia de la rosa de la caridad. Afirma Pablo: “Somos el perfume que Cristo ofrece a Dios, tanto para los que se salvan como para los que se pierden (2 Cor 2,15). La ternura es la expresión de una vivencia mística del amor, vivencia cálida y alegre, no el cumplimiento resignado de los deberes de la caridad. La ternura es el lenguaje del amor sincero. “El amor sin ternura -afirma Fernando Savater- es afán de dominio y de auto afirmación hasta lo destructivo. La ternura sin amor es sensiblería blanda incapaz de crear nada”. Afirma un refrán: “En el jardín de mi casa tengo un tesoro escondido, amor lleva por nombre, ternura por apellido”. La ausencia del ejercicio de la ternura conduce fácilmente al embotamiento de la sensibilidad, a la sequedad en las relaciones humanas y divinas. Los solteros y célibes, al no estar vinculados a ninguna mujer o varón ni a hijos, ámbito obligado de la ternura y el cariño, tienen un riesgo mayor de embotamiento de su sensibilidad. El Papa Francisco invita a “descubrir y transmitir, a vivir la mística de estar juntos, de mezclarnos, de encontrarnos, de tomarnos de los brazos, de apoyarnos, de gozar de una verdadera experiencia de fraternidad” Papa Francisco, EG,87). En definitiva, se trata de gozar de la dicha que anuncia el salmista: “¡Ved qué bello y qué gozoso es que los hermanos vivan siempre unidos!” (Sal 133,1). “La ternura -  afirma Francesc Torralba- es lo único que puede evitar que el mundo se derrumbe” (Torralba, La ternura, Lleida, 2010, 124). Sólo la ternura hará que la humanidad sea humana y no una Siberia psicológica. La sociedad tiene la necesidad vital de desarrollar lo afectivo y de liberarse de la esclavitud de lo efectivo, de la eficacia productiva. Señala un pensador de nuestros días: “Hacemos tanto bien que no tenemos tiempo de ser buenos”. Esto supone una frustración radical. En este sentido, la Iglesia, en sus estructuras y ámbitos, comenzado por la familia cristiana, “iglesia doméstica”, continuando por los grupos, comunidades, parroquias y movimientos, ha de ser la “nueva humanidad”, recreada por Cristo y animada por su Espíritu. La vida eclesial ha de saber a hogar por el clima de ternura que caracteriza la relación entre sus miembros.

PARA LA REFLEXIÓN, LA ORACIÓN, EL DIÁLOGO Y EL COMPROMISO

Lecturas bíblicas: Juan 13,1-17: Jesús expresa su ternura hacia los apóstoles    

                                          lavándoles los pies.

                               Romanos 12,9-13: La fraternidad reclama ternura y cariño.

    1º- ¿Qué pensamiento, frase o párrafo me ha llamado más la atención y que creo que hay que subrayar y tener especialmente en cuenta?

    2º- ¿En qué medida practico (practicamos) la ternura a nivel familiar, grupal, comunitario y de amigos? ¿Escasamente, a medias, bastante, en gran medida? ¿Nuestro amor a las personas es cariñoso, o austero y seco?

    3º- ¿Tengo (tenemos) en cuenta en lo que se refiere a la ternura a los grandes modelos de nuestra fe? ¿Vivimos en la familia, en la comunidad y grupo cristianos, en el grupo de amigos el modelo agustiniano?

    4º- ¿Qué personas he conocido y conozco que han dado o dan testimonio de ternura y cariño? ¿De qué manera los ponían en práctica?

    5º- ¿A qué compromisos me (nos) impulsa el Espíritu con las lecturas bíblicas y la reflexión meditada?

                                                          Atilano Alaiz


1 comentario:

  1. Excelente reflexión y propuesta para el trabajo comunitario.
    Más necesaria que nunca en estos tiempos pandémicos.
    Gracias, con un abrazo tierno para el autor, y para la CEB que él ayudó a crear en un gesto auténtico de ternura.
    Alicia DE SA TORRES

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