jueves, 2 de abril de 2026

Miguel Ángel MESA. VIERNES SANTO.- Ayer compartimos el Jueves Santo, hace días enviamos la SEMANA. Esperamos saborear el menú.-

 Viernes Santo                                                                                            Oh Dios mío, Padre y Madre, Misterio de bondad, de vida, de ternura… Todos estos títulos se difuminan en mi mente y mi corazón cuando la noche del mundo continúa extendiéndose como un manto de ti nieblas que todo lo abarca y los dolores y sufrimientos de tanta gente inocente, mujeres, hombres, personas ancianas, niñas, niños, ascienden a los cielos del poder y la divinidad sin que nada ni nadie responda a la desesperación, la angustia y el sinsentido de millones de vidas clamando hasta perder la voz y las lágrimas: Es el desespero de las madres refugiadas por no poder alimentar a sus hijas e hijos.   

El terror de miles de migrantes que por su color de piel son acosados como animales en el país de la libertad. La persecución y violencia contra las personas LGTBIQ+ en muchos países de nuestro mundo. Los seres humanos ahogados en las aguas del Estrecho o asesinados en tantas fronteras de nuestra tierra. Las niñas y niños agredidos sexualmente por personas adultas, muchas de su máxima confianza.

  Las mujeres víctimas de violencia física y emocional, degradación psicológica, injusticia, desigualdades, incluso el asesinato, en un auténtico feminicidio a escala mundial. Las guerras infames contra el derecho internacional, por el control de las riquezas naturales por mantener o incrementar la dominación geoestratégica. Los genocidios, el hambre que sigue matando a millones de personas, la crueldad del narcotráfico, de las mafias de la trata de personas, la profanación de los derechos humanos en los países sometidos a feroces dictaduras, muchas veces, con piel de corderos democráticos…

 Es tanta la vesania que optamos por la ceguera para no contemplar tanta locura e injusticia.   Aún así un rayo de luz ilumina el horizonte: miles y miles de personas que no se dan por vencidas y que en medio de la más absoluta oscuridad se siguen entregando día a día a los demás, con una dedicación tan absoluta y gratuita que llenan nuestros corazones de una nueva esperanza. Como también lo fue la vida de un tal Jesús de Nazaret.       

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