En este día especial para el pueblo mapuche, donde se celebra el comienzo del nuevo ciclo del WIÑOY XIPANTV, “El Regreso del Sol” compartimos este relato de Orlando Yorio cuando anduvo por la Patagonia.
PERTENECEMOS A UN PUEBLO, PROTAGONISTA DE UN CAMINOMe parece que la alegoría del camino que hemos usado es adecuada a este momento del Seminario, y para culminar el esfuerzo de tratar de ver estos últimos diez años de vida de nuestro pueblo.
Y recuerdo los caminos de la Patagonia, -que son muy derechos y largos, sobre todo en el desierto y en la zona de la meseta patagónica- donde llega un momento en que todo parece igual y uno se siente solo y hasta aburrido.
Donde parece que siempre se está en el mismo lugar. Y sin embargo, cuando en un momento uno llega a la punta de una lomita o una barda, de repente se abre un panorama inmenso por delante. Ante él, uno puede darse cuenta, anunciar vueltas del camino. Pero sobre todo percibir que está haciendo camino. Uno comprueba que ha hecho camino.
Ese es un símbolo del momento que hemos vivido aquí. Nunca como en este Seminario pudimos tener un panorama tan amplio y una seguridad tan grande de que estamos y pertenecemos a un pueblo que es protagonista de un camino.
Y cuando uno se siente protagonista, todas las soledades, las decepciones, los aburrimientos del camino quedan muy chiquititos.
El camino es algo inmenso. Por eso me parece importante que nos detengamos un momentito a mirar los sueños, el gran horizonte, a poder anunciar lo que vemos, a reconocer las piedras del camino.
El camino es inmenso y cuando nosotros podemos ver la inmensidad, es cuando estamos valorando las cosas pequeñas, las cosas chiquitas.
En el camino nos damos cuenta del pedacito que pisamos. Lo sentimos. Eso vale mucho.
El camino es inmenso pero es chiquito. Es semilla también y sembramos camino dentro de nosotros mismos y dentro de los demás y eso va creciendo.
Hace 15 años, el obispo de este lugar Novak convocó a un sínodo Diocesano, y tuvimos que hacer una encuesta para conocer mejor la situación social, económica, política, religiosa de la Diócesis. Tuvimos que preparar 200 encuestadores y enfrentar el enojo del gobierno, del gobierno militar, quien empezó a asustarlos. Primero, fue hacerles creer que Novak era “rojo” y llegó hasta amenaza de muerte. El resultado fue que de esos 200 muchos tuvieron miedo y se fueron. Finalmente la hicimos como pudimos.
Doce años después de eso, en 1992, en la Patagonia, en la tierra de Juanita, -esa paisana de Maquinchao tan simpática que nos saludó hoy diciéndonos: “Mari, Mari” y que ayer nos mostró la Biblia y el diario- yo era párroco de ella en una zona donde los pobladores sufren muchísimo la política neoliberal. En ese año hubo un intento de emprendimiento común y se juntaron 8 cooperativas de producción integradas por paisanos, que se apoyaban en la parroquia. También se pudo comprometer a técnicos del INTA y hasta a algunos propietarios de tierras. Solamente teníamos el miedo que el gobierno de la provincia de Río Negro no apoyara el intento de hacer una especie de gestión común. En la primera reunión que hicimos juntando mucha gente, aparecieron varios funcionarios del Poder Ejecutivo de Río Negro y mientras estábamos en la reunión se me acercó uno de ellos y me dijo:
-“Ud, ¿es de Quilmes?”
-“Sí, sí” -respondí.
-“Allí hicieron una vez un trabajo de una encuesta social. ¿No?”
-“Ah! ¡Sí! Y nos costó mucho hacerla porque el gobierno asustó a nuestros encuestadores y se nos fueron muchísimos”.
Me miró entonces y me dijo:
-“Yo soy uno de los que se asustó. Vengo a reparar. En estos doce años no me he quedado tranquilo. La cosa me quedó adentro y aquí vengo. Y lo hago con un grupo de amigos del gobierno”.
Y no era fácil eso para ellos porque se sabía que la Gobernación no estaba de acuerdo. Hoy, esa unión está dando frutos. La semillita sembrada fue más fuerte que el miedo. El camino siguió funcionando dentro de ese hombre y al final nuestros caminos se volvieron a encontrar. Y él no vino solo, trajo otros. Y a mí me encontró junto con todos los paisanos de la zona.
El camino, una vez sembrada la semillita, sigue funcionando. Cuando está sembrado el Reino de Dios, sigue creciendo mientras dormimos. Porque hay un Espíritu que está allí, hay una fuerza de pueblo. Uno tiene que creer que el camino se hace mientras dormimos porque está esa fuerza. Pero también tenemos que hacerlo despiertos. Y es bueno que miremos todo el panorama.
En los caminos de la Patagonia hay veces que hace mucho frío -30 grados bajo cero- y cuando pasa esto, el camino se pone aparentemente más seguro porque es más duro por el hielo. Pero hay que tener mucho cuidado porque el hielo es muy resbaladizo.
Estamos viviendo un presente ambiguo. Hay un camino resbaladizo donde uno tiene que mirar porque según cómo ponga el pie se le puede ir para un lado o para el otro. Cuando estamos despiertos es bueno que miremos ese pedacito de camino donde tenemos seguridad, mientras oteamos también el horizonte.
En el pueblo donde estaba, hay asfalto y cuando se forma hielo hay que andar con mucho cuidado, porque es muy resbaloso. En esos días, los “maduritos” no salimos a la calle porque corremos el riesgo de rompernos los huesos por un golpe muy serio. Una mañana, con 20 grados bajo cero, andaba yo por la plaza central, y veo que un viejito iba cruzando la calle, hablando solo:
- “Muchacho, no te caigas. Muchacho, no te caigas”.
E iba poniendo un paso tras otro, despacito. Era viejito, pero se decía - “Muchacho”- porque hacía cosas de muchacho: era capaz de arriesgarse a cruzar. Pero caminaba como viejito, con mucha prudencia. Nos miramos.
Le dio vergüenza ver que no estaba solo. Le sonreí. Me sonrió. Y comenzó de nuevo.
- “Muchacho, no te caigas...”
Me parece que este es momento para tener la paciencia de mapuche que tenía este viejito. Para animarnos a arriesgar. Para mirar dónde ponemos el pie. Para vernos sonreír, para reconocernos en el camino que nos une.
Y eso nos da ánimo para seguir caminando aunque estemos en un presente con ambigüedades.
...En este seminario hemos hablado mucho de ternura y cariño. Ronaldo nos hizo notar la fuerza de la fraternidad.
En este Seminario se han dado esas dos cosas: el llegar a una lomita, mirar un panorama muy amplio y poder reconocerlo. Llegar a anunciar vicisitudes del camino. Sentirnos protagonistas con nuestro pueblo. Y eso es más fuerte que toda decepción. Y junto con eso, valorar enormemente lo pequeño. Tener la moderación entre arriesgarnos, ser jóvenes y tener prudencia, saber medir las cosas. Y sobre todo, saber reímos juntos, reconocer la profundidad de un amor que nos une y que nos da fuerzas para seguir ese camino.
Era esto lo que quería hacer notar y por todo eso junto con todos quiero dar gracias.
Relato de Orlando Yorio en el X SEMINARIO DE FORMACIÓN TEOLÓGICA, OPCIÓN POR LOS POBRES, OPCIÓN POR LA VIDA, Florencio Varela, Pcia. de Bs. As. - Febrero de 1995.
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