'Público' pregunta a politólogos, historiadores, sociólogos, cristianos de base y representantes de entidades laicistas por la reciente visita del papa a España y sus puntos de conexión con el espacio progresista.
"Ha sido una visita inaudita en términos ideológicos”, analiza el historiador César Rina. La politóloga Anna López considera que León XIV ha "cambiado las prioridades del debate: habla más de migraciones, pobreza y desigualdad que de las guerras culturales".
Para Europa Laica, "probablemente el papa no haya conseguido el objetivo, la ampliación de la comunidad católica, pero sí algo más importante: recuperar el Estado católico. Ese es el gran golazo"
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Oportunidad política
El presidente de Europa Laica analiza: "Probablemente el papa no haya conseguido el objetivo principal del viaje:
la recristianización, la ampliación de la comunidad católica. Pero sí algo más importante, recuperar el Estado católico. Ese es el gran golazo que ha marcado la Iglesia católica en su visita. Se han consolidado como normales imágenes y comportamientos que parecían ridículos por arcaicos y desfasados, que nos dicen que estamos en una monarquía católica, como casi durante toda la historia"."Recuperar el Estado católico es el gran golazo que ha marcado la Iglesia católica en su visita"
Naz añade que la televisión pública también ha sido un factor en este viaje: "La pleitesía humillante de la clase política a un jefe religioso ha sido inapropiada y empalagosa. La imagen de los siete minutos de aplausos de toda la representación política en pie en el Congreso quedará en la historia como prueba vergonzosa del confesionalismo entregado de la clase política. El comportamiento bochornoso de la televisión pública, convertida en equipo continuado de propaganda del Vaticano multiplicando el gasto con dinero de toda la ciudadanía. Sin dar el mínimo espacio a la representación una gran parte de la sociedad que no es papista".
Para la politóloga Anna López, hay que atender, en efecto, también a razones de oportunidad política para comprender el impacto de la visita de León XIV a España. "El Gobierno ha entendido que esta visita es una oportunidad política excepcional. No viene un papa a hablar de aborto, familia o identidad nacional, que son los temas donde la izquierda suele sentirse incómoda. Viene a hablar de migraciones, desigualdad, cambio climático, pobreza o derechos humanos. Es decir, entra en terrenos donde el discurso papal y buena parte de la agenda progresista convergen. Por eso vemos una movilización institucional enorme y muy poca crítica laicista".
López analiza además que este papa "ha roto una anomalía histórica". "Durante décadas —afirma la politóloga—, en España la religión se percibía como un patrimonio casi exclusivo de la derecha. Él ha conseguido desacoplar parcialmente cristianismo y conservadurismo. No porque la izquierda se haya vuelto religiosa, sino porque muchos progresistas reconocen en sus mensajes una autoridad moral en cuestiones sociales. De hecho, probablemente hoy genera más incomodidad en sectores de la derecha identitaria que en buena parte de la izquierda".
“Para Gramsci, la Iglesia era la sociedad perfecta pues cuenta la capacidad de integrar a los más ricos y más pobres del mundo en un imaginario compartido”
La Iglesia, expone Rina, "ha tendido en el último siglo a elegir papas que permitieran actuar en territorios que consideraban fundamentales y disputados por otras confesiones". "Juan Pablo II abanderó la lucha contra el comunismo, cuando éste era ya un esqueleto, para recuperar el peso católico en Europa. Francisco trajo un discurso de periferias, profundamente antiimperialista y también anticlerical. Esto no quiere decir que la Iglesia renunciara a sus principios constitutivos ni a su fe, sino que el papa intentó establecer mecanismos asamblearios para contrarrestar el peso del clero dentro de la Iglesia. Esto ha sido difícilmente asumible por el episcopado español, pero en América Latina permitía dar la batalla contra otros credos evangélicos y protestantes".
"La dificultad de análisis —remacha el historiador Rina— radica en algo que Antonio Gramsci explicaba muy bien. Para Gramsci, la Iglesia era la sociedad perfecta, pues cuenta con una total flexibilidad, con la capacidad de integrar a los más ricos y más pobres del mundo en un imaginario compartido, a las élites intelectuales con los sectores más subalternos. La elección de Prevost se explica como una tentativa de moderar el discurso de Francisco para recuperar espacios religiosos en Estados Unidos, principal fuente económica de la Iglesia, en un contexto de giro global a la derecha. Pero no podían hacerlo con alguien reaccionario, sino con un cardenal que había asumido las bases de Francisco y que hoy a la izquierda suenan bien, al menos la vertiente social".
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