lunes, 6 de julio de 2026

El 27 de junio recordamos la trágica noche.- Revisando archivos encontramos este hermoso recuerdo, lo compartimos con el querido hermano pastor Ademar Olivera.-

 En Cristo deseamos alentar los esfuerzos de las Iglesias en el Uruguay para responder al clamor de su pueblo. Deseamos también hacer llegar a las autoridades uruguayas, nuestra súplica por la libertad de todos los presos políticos del Uruguay, en el marco de una Amnistía amplia que contemple el retorno de los exiliados a su patria...».

  Agradecimiento por el Premio de Diakonía al Serpaj-Uruguay: Estocolmo, Suecia, 21 de octubre de 1984   (leído por Ademar Olivera, pastor metodista en ocasión de recibir el premio).

    SOLIDARIDAD: Este premio, concedido por «Diakonía», Acción Ecuménica Sueca, para el año 1984, es una muestra de la sensibilidad de Iglesias hermanas que, a pesar de la distancia que nos separa, a pesar de las barreras: realidades socio-político-económico-culturales muy distintas, falta de información, etc., a pesar de eso, se muestran solidarias con pueblos que sufren las consecuencias de la violación de los derechos humanos, que resisten, que luchan.

 Ello es una señal de la universalidad del amor y la fraternidad cristianos, y del sentido global de la misión de la Iglesia, que permite superar las fronteras geográficas o políticas. Al respecto, recuerdo las palabras escritas por el apóstol Pablo, refiriéndose a la generosidad de los cristianos de Macedonia al enviar ayuda a los cristianos de Jerusalén que estaban enfrentando graves dificultades para sobrevivir (II Corintios 8:1-5).

 RECONOCIMIENTO: También es un reconocimiento por la labor realizada por el Serpaj-Uruguay, en el área de los derechos humanos.   Teniendo en cuenta la gravedad de la situación en el área de los derechos humanos en el Uruguay, era necesario que alguien llevara adelante la tarea de defender los derechos humanos.    Esa tarea la llevó a cabo el Serpaj.   Al principio como pionero, como «punta de lanza» pacífica, bastante solo en una primera etapa.   Sin embargo, hoy existe en el Uruguay más de una decena de organizaciones o grupos que trabajan en el área de los derechos humanos, a distintos niveles.                                   La mayoría de estos grupos han surgido desde hace poco más de un año a esta parte, lo cual significa un avance importante en la toma de conciencia y el compromiso de personas e instituciones. 

   Pero, lo más destacable, es que diversos sectores han ido creciendo en organización, en lucha, en movilización popular, en el uso de métodos pacíficos como formas de protesta, de reclamos, de exigencias.    Es el caso de los trabajadores, los estudiantes, los familiares de presos políticos, los familiares de desaparecidos (en Argentina y en Uruguay), los familiares de exiliados, cooperativas de viviendas, partidos políticos, prensa de oposición, amas de casa.

   Progresivamente, se fue ganando espacio, reconquistando derechos, logrando libertades.    De modo que este premio se lo merecen, hoy, muchos otros, especialmente los grupos más combativos que no cesan en la búsqueda de la paz y la justicia, a pesar del enorme sacrificio que ello implica.

  ESTÍMULO: La principal motivación para realizar la tarea de promoción y defensa de los derechos humanos es, naturalmente, el amor al prójimo.

   El Evangelio nos desafía a un compromiso vital con el pobre, el desprotegido, el sufriente, el «sin voz». 

   La fuente que nos nutre, que nos proporciona fuerza interior, tiene una doble vertiente: la fe y el contacto con el pueblo.      Pero, a veces, al experimentar la sobrecarga que debemos soportar, la lentitud en lograr modificar situaciones de injusticia, 146 nuestra impotencia para evitar sufrimientos inútiles; entonces, nos desalentamos. 

   Sentimos como si pretendiésemos derribar un enorme muro a puñetazos. Por eso, este premio nos llega como una dosis de oxígeno, que nos renueva la fuerza y el ánimo para seguir adelante. Por nuestra parte, nos comprometemos a continuar en el mismo camino que hemos transitado hasta ahora, con la confianza renovada de que el esfuerzo no es en vano. Entendemos que la defensa de los derechos humanos no termina con el cambio de Gobierno en nuestro país.      Hay libertades para conquistar, atropellos para evitar, desprotegidos para defender, injusticias para reparar. Y todo eso, difícilmente lo pueda asumir un Gobierno «de transición».

   El Serpaj está de pie. Continuará exigiendo su derecho a defender los derechos de todos, dentro del proceso de democratización.       Estará junto a los más débiles y oprimidos, para acompañarles en sus reclamos y en sus luchas. Ocupará un lugar digno en la construcción de una sociedad fraterna, reconciliada, justa y humana.

 Agradecemos a las Iglesias Libres de Suecia este premio tan significativo e importante para todos nosotros, y esperamos que continúen apoyando la tarea que llevan a cabo el Serpaj y otros grupos, a favor de los derechos humanos y de la reinstauración de la democracia y las libertades plenas en el Uruguay.        Gracias.!» 

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