8.- Yo, Tú y el grupo.
8.1- La exigencia empieza por mi mismo.-
Siempre ocurre lo mismo, ya lo hemos dicho. Tú mismo te habrás percatado de ello si vives
ya en grupo: el que los que menos aportan son siempre los que más exigen, los
que más critican. Estoy bien seguro que tú no eres de éstos;
pero es bueno recordar que en la vida de grupo hay que empezar por
exigirse a si mismo. No exijas
nunca al grupo ni a tus compañeros lo que tú mismo no estás dispuesto a
dar. No exijas nunca al grupo ni a
tus compañera/os lo que tú misma/o no estás dispuesto a dar. No te dediques a criticar a los
demás. Antes que nada,
autoexamínate. “No veas la paja en el
ojo ajeno y te pase desapercibida la viga que tienes atravesada en el
tuyo” (Mt.7.4) reconoce con sencillez tus fallos y
deficiencias en la vida de grupo y trata de mejorarte. Todavía te invitaría a más, pide que te
critiquen, que te pongan de manifiesto los aspectos negativos y positivos de tu
vida de grupo. Nosotros lo hemos
hecho voluntariamente en algunos grupos.
Es duro pero increíblemente saludable.
Uno descubre facetas en su
comportamiento grupal que ni las sospechaba; actitudes hirientes que ni las
imaginaba, y que hasta tal vez criticaba en los demás. En las reuniones de grupo, en la
autoevaluación, acepta con magnanimidad el grado de culpa que te corresponde en los fracasos del
grupo. Pag.187
Pag. 188.-
Conócete y reconócete quién eres dentro del grupo. No lo esperes todo del grupo. Si todos se dedicaran a esperar, ¿ qué pasaría ? Es elemental que nos convenzamos de que el grupo no funcionará si no funcionan todos sus miembros. No seamos la/ el eterna/o quejumbrosa/o, que nunca hace nada y que siempre se está lamentando de las deficiencias del grupo.
Mójate los pies primero ¡!.....
De: Gracias al Grupo. 3ª edición 1985.
Autor: Atilano
Alaiz
No hay comentarios:
Publicar un comentario