Así dice el Señor: «Oígan, sedientos todos, vengan por agua, también los que no tienen dinero: vengan, compren trigo, coman sin pagar vino y leche de balde. ¿Por qué gastan dinero en lo que no alimenta, y el salario en lo que no da provecho? Escúchenme atentos y comerán bien, saborearán platos sustanciosos. Inclinen el oído, vengan a mí: escúchenme, y vivirán. Sellaré con ustedess alianza perpetua, la promesa que aseguré a David.»
Palabra de Dios
S a l m o
R/. Abres tú la mano, Señor, y nos sacias de favores
El Señor es clemente y misericordioso,
lento a la cólera y rico en piedad;
el Señor es bueno con todos,
es cariñoso con todas sus criaturas. R/. Abres tú la mano, Señor, y nos sacias de favores
Los ojos de todos te están aguardando,
tú les das la comida a su tiempo;
abres tú la mano,
y sacias de favores a todo viviente. R/. Abres tú la mano, Señor, y nos sacias de favores
El Señor es justo en todos sus caminos,
es bondadoso en todas sus acciones;
cerca está el Señor de los que lo invocan,
de los que lo invocan sinceramente. R/. Abres tú la mano, Señor, y nos sacias de favores
Segunda Lectura de Pablo a los Romanos
¿Quién podrá apartarnos del amor de Cristo?: ¿la aflicción?, ¿la angustia?, ¿la persecución?, ¿el hambre?, ¿la desnudez?, ¿el peligro?, ¿la espada? Pero en todo esto vencemos fácilmente por aquel que nos ha amado. Pues estoy convencido de que ni muerte, ni vida, ni ángeles, ni principados, ni presente, ni futuro, ni potencias, ni altura, ni profundidad, ni criatura alguna podrá apartarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús, Señor nuestro. Palabra de Dios
Evangelio según la comunidad de Mateo 14,13:21
En aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte de Juan, el Bautista, se marchó de allí en barca, a un sitio tranquilo y apartado. Al saberlo la gente, lo siguió por tierra desde los pueblos. Al desembarcar, vio Jesús el gentío, le dio lástima y curó a los enfermos. Como se hizo tarde, se acercaron los discípulos a decirle: «Estamos en despoblado y es muy tarde, despide a la multitud para que vayan a las aldeas y se compren de comer.»
Jesús les replicó: «No hace falta que vayan, denles ustedes de comer.»
Ellos le replicaron: «Si aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces.»
Les dijo: «Alcáncemelos.»
Mandó a la gente que sentara en el pasto y, tomando los cinco panes y los dos peces, miró al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos; los discípulos se los dieron a la gente. Comieron todos hasta quedar satisfechos y recogieron doce cestos llenos de sobras. Comieron unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños. Palabra del Señor
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