Venid
de todos los pueblos (salmo 94)
Venid de todos los pueblos, de todas las
culturas, de todas las religiones, de todos los
credos y creencias, las personas agnósticas y las ateas
también.
Siempre estará la puerta de mi casa
abierta, habrá un hueco para vosotros en mi
corazón, una estancia confortable para las y los
peregrinos, los seres humanos desfallecidos y agobiados por los avatares de la vida.
Entremos en la Presencia que a todos nos
invade y vincula, contemplemos la Realidad que nos
sostiene, que es el origen, el fundamento y el trasfondo de todo lo
que existe: las altas cumbres de la tierra, el
océano inmenso, las plantas, los animales, el hombre y la mujer, las estrellas y las nebulosas, el
universo entero.
Ojalá escuchemos el eco de fondo que nos
sigue llegando hoy mismo hasta los oídos del espíritu:
«No permitáis que se os endurezca el
corazón, contemplad todas mis obras, convertíos en cuidado
hacia todos los seres vivientes, y, sobre todo, no os olvidéis de quienes
peor lo pasan».
Pero, aunque os mantengáis obstinados, al margen de mis desvelos, aunque no
reconozcáis mi ternura hacia cada uno de vosotros,
sabed que mi misericordia es superior a todo lo que podáis
imaginar, que mi justicia no es vuestra justicia,
que os espero siempre a todos, para que viváis y entréis en mi
descanso.
(Miguel Ángel Mesa Bouzas)
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