Alicia de Sá Torres4 de marzo de 2023, 15:38
¡Valioso testimonio! Aunque no podré estar en la presentación porque vivo en Buenos Aires, espero poder acceder al pdf que tan generosamente ofrece Madilene.
Alicia de Sá Torres4 de marzo de 2023, 15:38
¡Valioso testimonio! Aunque no podré estar en la presentación porque vivo en Buenos Aires, espero poder acceder al pdf que tan generosamente ofrece Madilene.

Preparamos el corazón para celebrar.
Queridos amigos: el próximo VIERNES 10 de MARZO, 19 y 30 HS, en OBSUR (José Enrique Rodó 1727, Montevideo) se presentará el libro de Madilene Da Costa (cuyo título encabeza este artículo) con testimonios sobre la última etapa de vida, aquí en Uruguay, del p. Orlando Yorio, conocido sacerdote argentino cuyo compromiso evangélico con los sectores más pobres de su sociedad, le valieron ser perseguido y secuestrado por la última dictadura de aquel país. Dicha presentación será en forma de celebración, dando gracias por su vida. Sin lugar a dudas “el buen aroma” de su testimonio nos llega e interpela hasta el día de hoy!
Madilene es brasileña y vive en Uruguay desde 1980. Está casada con Juan, tienen tres hijos y un nieto. Es docente de portugués (actualmente jubilada) e intérprete de lenguaje de señas, dio catequesis a chicos sordos. Su proceso de fe se inició a través de un serio problema de salud que sufrió su pequeña hija, en aquel entonces de año y medio. Semanalmente veía pasar por la puerta de su casa “como un desfile de muchas personas” que luego supo iban a la Misa de la parroquia del barrio, en aquel entonces vivían en Malvín Norte, decidió ir a pedir por su hija, que luego sanó. Nos dice que allí tuvo su primer encuentro con “un Dios Vivo”, comenzando su formación cristiana, más adelante estudió teología. Como laica, vive la espiritualidad franciscana, actualmente integra la Ceb San Felipe y Santiago. Así conversamos:
Madilene, ¿cuándo y cómo conociste a Orlando Yorio?
Nos habíamos mudado de barrio. Un día mi hijo me dice que, junto a un amigo, comenzaría a ir a catequesis, fue que “siguiéndolo a él” llegué a Santa Bernardita (Avda Italia y Caldas), llegamos en un momento en que no había sacerdote estable: la parroquia estaba animada por tres mujeres laicas. Nos integramos allí, hasta que un día nos dijeron que vendría un sacerdote argentino, el p Orlando. Yo guiaba la Misa de los domingos, un día llego, entro al despacho y veo a un señor, con un bolsito, gorro en mano, sandalias, todo humilde, me acerco, se presenta, era Orlando… Ya en la primera Misa me doy cuenta que era diferente, él bajaba y predicaba entre la gente, mirando a las personas a los ojos, como un amigo cercano, haciendo preguntas, la gente contestaba, yo quedé encantada, las Misas habían cambiado rotundamente. Empezó a venir más gente, había fila para confesarse, él tuvo que venir más temprano … fue un cambio radical.
¿Qué relación llegaste a tener con él?
Fue una relación de amistad profunda, dentro y fuera de la parroquia. Él venía a nuestra casa a comer con mi esposo y conmigo, hacíamos sobremesa y fue así que nos contaba también sobre los hechos dolorosos en su vida. En el libro está relatado que la experiencia más fuerte que tuve fue trabajar con los pobres en lo que se llamó “Misión Candelaria” un asentamiento muy pobre entre calle Candelaria y la cañada del arroyo Malvín. A Orlando lo habían invitado a conocer la Misa Carismática en la Parroquia de Belén, y él, abierto a todo, aceptó. Yo le dije que como quedaba cerca podíamos ir caminando: fuimos con otras dos señoras, de camino pasamos por el asentamiento, y él empezó a preguntar por ellos. También trabajábamos con el Pastor Ademar, de los Metodistas.
¿Qué cualidades destacarías de su personalidad?
Yo destacaría su sabiduría y su humildad, era un santo! Si hemos conocido a un santo contemporáneo, de carne y hueso, sentado, llorando, riendo, comiendo con nosotros, ese fue Orlando, y me di cuenta cuando murió. Yo había ido a trabajar y me llama Juan, mi esposo, diciendo que Orlando había sufrido un ataque cardíaco, que estaba internado en CTI, pasaron 24 horas y falleció.
Cuando lo velábamos en Sta Bernardita, empezaron a llegar telegramas de todas partes del mundo, alguien se me acercó y me dijo: “doscientos mil pobres lo siguen en el mundo…” yo dije “¡teníamos un santo entre nosotros!”.
Por su sabiduría tenía una mirada que iba más allá, y eso solo lo puede hacer quien tiene sabiduría interna, y una gran humildad, que le permitía resguardarla como una perla escondida. Lograba ver en las personas y en los hechos más allá, un día me preguntó si me gustaría llevar la Eucaristía a los enfermos, le dije “bueno sí”, pero en realidad estaba José María, un señor mayor que se dedicaba a ello desde siempre. Acepté y me dijo que tenía que tener mucho amor y algo de tiempo. José María muy contento y así empecé a llevar 3 o 4 comuniones. Al tiempo José María enfermó gravemente, me pasaron todas las direcciones que había para visitar, y con Rosario Formosa, hoy ya fallecida, nos dividíamos la tarea. Tuve la gracia de llevar por última vez la Comunión a José María. Entonces, yo digo que Orlando vio más allá. Por su humildad, él se hacía siempre el último, si no le decían “que abriera la boca” el no decía nada, ahora, cuando hablaba se hacía un silencio total… El me enseñó a amar a los pobres “desde los pobres”, con humildad.
¿Cómo surge la idea del libro y qué vamos a encontrar en él?
Surge cuando yo ubico en Facebook a un grupo por la memoria de Orlando Yorio, de Silvia y Eduardo Caram, de Argentina. Nos pusimos en contacto y me piden si me animo a escribir algo sobre los recuerdos que tenía sobre Orlando, les mandé 2 o 3 cosas, se entusiasman mucho y me dicen si podría recopilar todo eso y hacer un librito. Ahí me largué, justo estábamos en pandemia, y me vino bárbaro ese tiempo, lo tomé como un regalo de Orlando. Es un libro testimonial, “está escrito con Orlando” porque yo restablecí una conexión espiritual muy fuerte, yo digo que es la presencia del Resucitado en nuestras vidas, es real. He soñado varias veces con él… El texto cuenta con testimonios de personas que conocieron de cerca a Orlando y quisieron compartirlo, están acá. Es una invitación a que un mundo nuevo es posible!
¿Qué crees que nos diría Orlando, a los que formamos la comunidad cristiana de hoy?
Yo creo que nos diría “abran la mente y el corazón, abran la puerta y salgan”. “Amen verdaderamente y en lo concreto a cada uno, el mundo lo necesita, y lleven la Buena Nueva a los pobres”, nos alentaría a seguir un camino junto a ellos, nos lo diría con amor y con la autoridad de su sabiduría, dulcemente, porque él era así. Además él tenia una apertura de corazón hacia todos.
Madilene nos dice que su libro NO estará a la venta, oportunamente se podrá acceder a él en formato PDF, en forma totalmente gratuita, sin fines de lucro.
La celebración se transmitirá también en vivo por el Facebook de “Fe en la Resistencia”.
Gracias querida Madilene, y también a tu esposo Juan, porque muy fraternalmente nos recibieron en vuestro hogar para este compartir tan rico, desbordante de Amor Comprometido. Nuestra Señora, la Madre del Liberador del Hombre ¡nos siga acompañando a todos por caminos de Liberación y Vida!
Jorge Márquez, jardinero.
En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan y se los llevó aparte a una montaña alta. Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. Y se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él.
Pedro, entonces, tomó la palabra y dijo a Jesús: «Señor, ¡qué bien se está
aquí! Sí quieres, haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para
Elías.»
Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su
sombra, y una voz desde la nube decía: «Éste es mi Hijo, el amado, mi
predilecto. Escuchadlo.» Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de
espanto.
Jesús se acercó y, tocándolos, les dijo: «Levantaos, no temáis.» Al alzar los
ojos, no vieron a nadie más que a Jesús, solo.
Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: «No contéis a nadie la visión
hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos.»
Palabra del Señor
La transfiguración de Jesús viene a reafirmarnos y a confirmarnos que nuestro destino junto a Él, es luz.
Recordé un hecho muy marcante en mi vida de fe.
Estando de retiro en pentecostés con un grupo de jóvenes, todos sordos, edades entre los 18 y los 25 años, en los conventuales, retiro este a pedido de ellos. Era la primera vez que teníamos esta experiencia.
Al llegar la noche ellos me piden para permanecer en oración a lo cual accedí sin reparos. Estábamos solos en la casa. Ellos eran 8 y yo.
Nos sentamos en el piso alrededor de una mesita ratona, colocamos nuestras biblias y encendimos una vela. Nos dimos la mano todos en ronda, cerramos los ojos y empezamos la más profunda oración de alabanza en el silencio total.
Pasado unos treinta minutos (Mathías) quien está tomado de mi mano, empieza a sacudirla. Abro los ojos y me señala el techo de la pieza y veo que todos miraban hacia arriba, entonces vi una gran luz, muy brillante e informe que se movía lentamente sobre nosotros, (busco las palabras para relatar lo más fiel posible) y es difícil. Esa luz nos abrazó con un amor indescriptible, nunca sentimos temor y todos experimentábamos lo mismo, y sin saber por qué, uno de los chiquilines abrió la biblia y empezó a leer (en lengua de señas) el pasaje en donde dice Jesús: …
Te doy gracias, Padre, porque has escondido estas cosas a los sabios y las has revelado a la gente sencilla" · San Mateo (11,25-27) …
Fue entonces que perdimos la noción del tiempo y amaneció. Al nacer el sol, “la luz” se fue, y nosotros envueltos por un estado que no sé definir con palabras, bajamos a la cripta en donde estaba el Sagrario y lo adoramos un largo rato, hasta que vinieron a buscarnos para desayunar.
Fue un signo de Dios para nosotros. El signo nunca se entiende del todo. Pero cura. Ayuda a ver con más claridad. Ayuda a caminar.
Lo experimentamos a Jesús y su luz.
Cuando un signo se reconoce, deja una marca en el corazón y da seguridad.
Sana y ayuda a vivir. Construye Reino de Dios entre nosotros.
Eso sucedió en Pentecostés del año 2008 en Los Conventuales, Montevideo.
Después de esa noche nuestro grupo se llamó Luz Divina, mientras funcionó. Después de unos años, se casaron, siguieron su vida en diferentes lugares. Pero siempre que nos encontramos hablamos de esa noche, quedó grabada en el alma.
Lo estoy escribiendo por primera vez, y parece que fue ayer, creí que era bueno saber que la luz y el amor de Dios es real, así como en la montaña le mostró a Pedro, Santiago y a Juan, a nosotros esa noche... y a cada uno de nosotros hoy.
Su luz nos abraza y nos guía y nos da la certeza de que Él es la luz eterna, brillante y cálida como el sol y nuestro destino final es estar en esa Luz.
En el Evangelio de Juan, Jesús dice: Yo soy la Luz del mundo.
________________________Madilene______________________
Debo agregar que cuando vino a vernos el cura, en la mañana, los chiquilines le hicieron el relato de lo acontecido y él empezó a llorar. Era Fray José Bozza, que ya partió a la casa del Padre, y se arrepentía de no haberse quedado con nosotros, y para peor uno de los muchachos le recodó el pasaje en el cual Jesús les pide que oren y los discípulos se quedaron dormidos .-
(porque los sordos no tienen filtro para decir algo muchas veces).
Entonces dijo fray José que el regalo era para nosotros y que él era feliz por haberle compartido una experiencia tan hermosa, y que hubiera sucedido en esa casa.
El riesgo de instalarse........
Tarde o temprano, todos corremos el riesgo de instalarnos en la vida, buscando el refugio cómodo que nos permita vivir tranquilos, sin sobresaltos ni preocupaciones excesivas, renunciando a cualquier otra aspiración.
Logrado ya un cierto éxito profesional, encauzada la familia y asegurado, de alguna manera, el porvenir, es fácil dejarse atrapar por un conformismo cómodo que nos permita seguir caminando en la vida de la manera más confortable.
Es el momento de buscar una atmósfera agradable y acogedora. Vivir relajado en un ambiente feliz. Hacer del hogar un refugio entrañable, un rincón para leer y escuchar buena música. Saborear unas buenas vacaciones. Asegurar unos fines de semana agradables…
Pero, con frecuencia, es entonces cuando la persona descubre con más claridad que nunca que la felicidad no coincide con el bienestar. Falta en esa vida algo que nos deja vacíos e insatisfechos. Algo que no se puede comprar con dinero ni asegurar con una vida confortable. Falta sencillamente la alegría propia de quien sabe vibrar con los problemas y necesidades de los demás, sentirse solidario con los necesitados y vivir, de alguna manera, más cerca de los maltratados por la sociedad.
Pero hay además un modo de «instalarse» que puede ser falsamente reforzado con «tonos cristianos». Es la eterna tentación de Pedro que nos acecha siempre a los creyentes: «plantar tiendas en lo alto de la montaña». Es decir, buscar en la religión nuestro bienestar interior, eludiendo nuestra responsabilidad individual y colectiva en el logro de una convivencia más humana.
Y, sin embargo, el mensaje de Jesús es claro. Una experiencia religiosa no es verdaderamente cristiana si nos aísla de los hermanos, nos instala cómodamente en la vida y nos aleja del servicio a los más necesitados.
Si escuchamos a Jesús, nos sentiremos invitados a salir de nuestro conformismo, romper con un estilo de vida egoísta en el que estamos tal vez confortablemente instalados y empezar a vivir más atentos a la interpelación que nos llega desde los más desvalidos de nuestra sociedad.
José Antonio Pagola
Gracias infinitas, por seguir recordándole, aqui en león también le hicieron una misa.
Gracias por mandarme el enlace del blog, un saludo muy grande María
Recibido de Alfredo García cmf Vigo.-
Esta tarde, en la eucaristía de las 20.30 z de su parroquia de Vigo, tendremos un recuerdo agradecido por su entrega. DEP
saludos Alfredo
Meditación en clima de oración.
Efectivamente, ya un año de su fallecimiento imprevisto. DEP.
En la parroquia tendremos un recuerdo especial de nuestro hermano en la eucaristía de las 8.30 de la tarde de aquí.
Un saludo agradecido. P. Alfredo. cmf.